Distensión abdominal: qué la causa, cuándo no son los gases y cómo tratarla

Llevas semanas, quizá meses, con la tripa hinchada. Por la mañana estás bien. En lo que va pasando el día te sientes como si tuvieses un embarazo de 5 meses.

Has probado de todo. Primero quitaste el gluten, luego la lactosa, después los alimentos que has leído que son «inflamatorios». Cada vez comes menos cosas y sigues igual de hinchada/o.

Alguien te ha dicho que es culpa del SIBO. Otro que es la microbiota. Un tercero que es estrés. Quizás ya te han hecho un test del aliento (o varios), pero nadie termina de explicarte lo que está pasando realmente.

Lo que probablemente nadie te ha dicho todavía es esto: la distensión abdominal no es siempre un problema de gas.

En muchos casos, la cantidad de gas que tienes en el intestino es perfectamente normal. El problema está en otra parte. Y si no sabes donde buscar, jamás vas a encontrar la solución.

Hinchazón, distensión e inflamación: no son lo mismo, y la diferencia importa

Antes de entrar en causas, hay que separar tres términos que se usan como sinónimos, pero no lo son.

La hinchazón abdominal es una sensación subjetiva: presión, plenitud, la sensación de tener gas atrapado. La sientes claramente, pero no siempre se ve desde fuera.

La distensión abdominal es un signo objetivo: el aumento visible y medible del perímetro abdominal. Se ve y se nota en tu ropa. Lo suelen describir con frecuencia como tripa de embarazada.

Ambas pueden coexistir, pero no siempre. Hasta un 50% de los pacientes pueden tener sensación de hinchazón sin que el abdomen aumente de volumen de forma objetiva (Lacy et al., 2021). Y al revés: puede haber distensión visible sin sentir que estás lleno de gases.

En cambio, la inflamación abdominal es un término que se ha popularizado entre los que te quieren vender remedios «antiinflamatorios». Para que exista inflamación en medicina tienen que haber estos signos: rubor, calor, dolor, tumor (referido a la hinchazón) y pérdida de función. Es decir, tiene que haber un proceso inflamatorio real.

Es posible que exista inflamación a nivel intestinal, por ejemplo, en la enfermedad inflamatoria intestinal, pero la mayoría de personas usa este término para referirse o bien a la hinchazón o bien a la distensión abdominal.

Tres fotografías comparativas de la progresión de la distensión abdominal a lo largo del día

El lenguaje es importante de cara a entender la causa y darle un tratamiento específico.

Si no se distingue si el problema es de sensación o de volumen real, el tratamiento puede ir en la dirección equivocada durante meses.

Hay que distinguir entre sentirte hinchado o verte la tripa hinchada. A veces ocurre lo primero sin lo segundo. Y a veces lo segundo sin lo primero.

Cuatro mecanismos que explican los gases

La pregunta relevante no es «cuánto gas tengo», sino «¿por qué me siento así?». Detrás de la sensación de gases hay cuatro mecanismos distintos, y el tratamiento correcto depende de saber cuál predomina en cada caso.

Infografía de los cuatro mecanismos que explican la distensión abdominal

1. Aumento real del contenido intestinal

Este es el mecanismo intuitivo: más gas, líquido o heces en el intestino de lo habitual, y el abdomen se distiende. El intestino no puede distinguir si lo que tiene dentro es gas, líquido o sólido, así que esta sensación se puede producir por cualquier tipo de contenido.

Puede existir porque se produzca más contenido dentro del intestino, o porque se expulse menos. Los culpables más frecuentes son:

Las intolerancias alimentarias reales. La malabsorción de lactosa, fructosa o el exceso de alimentos ricos en FODMAPs puede aumentar la producción de gas por fermentación bacteriana y atraer agua al intestino delgado.

Ahora bien, los FODMAPs son saludables y necesarios para una microbiota diversa: el objetivo no es eliminarlos, sino identificar cuáles y en qué cantidad los tolera cada persona, idealmente con una valoración y acompañamiento por un dietista-nutricionista especializado en digestivo. La intolerancia percibida no equivale siempre a malabsorción demostrada, y eliminar alimentos sin criterio puede empeorar las cosas a largo plazo (Foley et al., 2014)

La dismotilidad intestinal grave. En estos pacientes sí hay una acumulación real de gas, especialmente en intestino delgado, porque el intestino no lo moviliza con normalidad. El cuerpo responde de forma compensatoria elevando el diafragma para acomodar el contenido aumentado (Barba et al., 2013). Es una respuesta coordinada y adaptativa, aunque insuficiente cuando la retención de gases es severa. Veremos más adelante que en otros casos el cuerpo no responde de forma coordinada.

2. Problemas de expulsión

Este es el mecanismo más infravalorado. Puedes producir una cantidad normal de gas y, sin embargo, acumularlo si no lo expulsas correctamente.

El estreñimiento. Un colon con heces acumuladas ocupa espacio y dificulta el tránsito y la expulsión normal del gas. El estreñimiento no produce más gas. Lo que hace es impedir que el que ya existe se mueva y se elimine con normalidad (Lacy et al., 2021; Foley et al., 2014).

Su prevalencia se estima en torno a 1 de cada 7 personas, y una parte importante no sabe que lo tiene porque sus heces son blandas; el problema no es la consistencia, sino el vaciado incompleto.

Aquí entra en juego la disinergia defecatoria. En esta condición, el suelo pélvico no se relaja de forma coordinada durante la defecación, lo que dificulta no solo la evacuación de heces sino también la expulsión de gas. El resultado es acumulación progresiva y sensación creciente de hinchazón a lo largo del día (Cangemi y Lacy, 2022).

El problema de la disinergia defecatoria es más frecuente de lo que parece. En mi consulta, la mayoría de pacientes que acuden por gases y distensión tienen algún grado de problema evacuatorio, muchas veces no identificado previamente. La literatura señala que la disfunción del suelo pélvico y el estreñimiento son causas sistemáticamente infradiagnosticadas en pacientes con distensión abdominal, y que deberían evaluarse de forma activa antes de atribuir los síntomas a otros mecanismos (Cangemi y Lacy, 2022; Lacy et al., 2021)

También influyen la postura y la actividad física. Pasar muchas horas sentado enlentece el tránsito y la expulsión de gas. Se ha observado que incluso la actividad física moderada en posición erguida mejora el tránsito de gas y reduce los síntomas de distensión (Lacy et al., 2021).

3. Disinergia abdomino-frénica: cuando el problema es la gestión

Este es probablemente el mecanismo más desconocido y el más importante para entender por qué muchos tratamientos no funcionan.

En condiciones normales, cuando aumenta el contenido abdominal, el diafragma se relaja y asciende mientras la pared abdominal anterior se contrae ligeramente. Es la respuesta normal: el cuerpo hace espacio a esos gases (normales por ejemplo en los procesos de digestión), sin proyectar el abdomen hacia delante.

En pacientes con distensión funcional ocurre exactamente lo contrario. El diafragma se contrae y desciende, mientras la pared abdominal se relaja (Villoria et al., 2011). El resultado es ese abdomen tan característico que los propios pacientes describen como «parece que estoy embarazada» o «me pongo como un globo después de comer».

Lo más relevante de este mecanismo es que el abdomen se distiende aunque no haya más gas de lo habitual. Es un problema de coordinación muscular, no de volumen.

Y ahora la pregunta del millón: ¿cómo mejoro esta coordinación de la pared abdominal y el diafragma para que mi cuerpo gestione mejor los gases?

Un ensayo clínico aleatorizado demostró que el biofeedback electromiográfico que enseña a revertir este patrón redujo la distensión visible en aproximadamente un 56%, frente a un 13% con simeticona oral como control (Barba et al., 2017).

Pero en la práctica habitual, no hace falta aparatología complicada para mejorar la disnergia abdomino-frénica. Un buen fisioterapeuta del suelo pélvico con experiencia en este tipo de problemas puede ayudarte a reentrenar la pared abdominal, el diafragma y el suelo pélvico.

La analogía más útil: igual que en la disinergia defecatoria el suelo pélvico se contrae cuando debería relajarse, en la disinergia abdomino-frénica el diafragma baja cuando debería subir. Es una mala coordinación, no un exceso de gas (Damianos et al., 2023).

De hecho, día a día en la clínica, vemos que muchos pacientes con disinergia defecatoria también presentan disinergia abdomino-frénica.

Que el abdomen se hinche después de comer no significa necesariamente que ese alimento produzca mucho gas.

4. Hipersensibilidad visceral

Hay personas que sienten hasta la más mínima cantidad de gas dentro del intestino. Así que, aunque no exista más gas de lo normal, en las personas con hipersensibilidad visceral esa pequeña cantidad se percibe como mucha hinchazón o incluso dolor.

Esto es especialmente frecuente en el síndrome de intestino irritable (SII), en el que además se observa un fenómeno de hipervigilancia: el paciente está permanentemente atento a como le sienta cada comida, lo que amplifica la percepción de los síntomas.

Cuando se dan los mismos carbohidratos fermentables a personas sanas y a pacientes con SII, ambos grupos producen cantidades similares de gas; la diferencia no está en la producción, sino en cómo se percibe (Manichanh et al., 2014).

Pero, ni la hipersensibilidad visceral ni la hipervigilancia son exclusivos del síndrome de intestino irritable, no es un cajón de sastre de la patología intestinal, sino tiene sus criterios diagnósticos bien establecidos.

Por otra parte, el estrés y la ansiedad agravan estos mecanismos. Esto no significa que «sea de la cabeza»: la hipersensibilidad visceral tiene una base neurofisiológica real, y forma parte de los denominados trastornos del eje intestino-cerebro (Malagelada et al., 2017).

Causas orgánicas que hay que descartar

Antes de atribuir la distensión a un mecanismo funcional, hay que descartar causas orgánicas.

La obstrucción intestinal puede presentarse con distensión progresiva, dolor cólico y ausencia de deposición o de gases. Es una urgencia, y por lo tanto hay que acudir al hospital. Hay que sospecharla sobre todo en personas que han tenido cirugías abdominales previas, ya que las adherencias que se producen son una causa frecuente de obstrucción.

La ascitis (acumulación de líquido en la cavidad abdominal por cirrosis hepática, cáncer de ovario u otros tumores) produce una distensión difusa, progresiva y que no sigue el patrón típico de «mejor por la mañana y peor por la noche».

La celiaquía puede debutar con distensión, diarrea y malabsorción (aunque en ocasiones también puede producir estreñimiento). Ante estos síntomas digestivos, merece hacer las pruebas pertinentes para descartarla.

Y con signos de alarma no se espera: pérdida de peso involuntaria, sangrado rectal, anemia, fiebre, dolor nocturno, síntomas de comienzo rápido, entre otros.

No toda la hinchazón es funcional. Antes de concluir que «son los gases», hay que asegurarse de que no estamos ante algo que requiere otro tipo de evaluación.

El papel de la microbiota, el SIBO y los FODMAPs (con evidencia)

FODMAPs y fermentación

Los carbohidratos fermentables presentes en la cebolla, el ajo, la fruta, las legumbres y muchos otros alimentos pueden aumentar la producción de gas por fermentación bacteriana.

Pero, al contrario de lo que puedan pensar algunos, que las bacterias produzcan gas a cambio de la digestión de estos alimentos de origen vegetal es bueno. A cambio de los gases, la microbiota nos aporta elementos beneficiosos para la salud intestinal (y general) como son los ácidos grasos de cadena corta (AGCC).

Es cierto que hay estudios en pacientes con SII (que ya explicamos que pueden sentir más los gases), en los que eliminar estos carbohidratos fermentables puede reducir los síntomas (Foley et al., 2014). Sí, me refiero a la famosa dieta baja en FODMAPs.

Sin embargo, estas dietas no son la primera estrategia nutricional en estos pacientes. Para hacerla, necesitas sí o sí acompañamiento por un dietista-nutricionista especializado en digestivo. No basta con reducir estos carbohidratos: hay que reintroducirlos después, y con cabeza.

El riesgo de restringir alimentos por tu cuenta o de forma permanente, es que puede afectar a la diversidad de la microbiota y reducir la producción de elementos beneficiosos para nuestra salud (los AGCC).

Además, el problema de restringir alimentos tiene otras consecuencias: aumenta el riesgo de trastornos de conducta alimentaria (TCA), aumenta la hipervigilancia (estás pendiente de todo lo que comes o dejas de comer) y cuando queremos volver a comer esos alimentos, la sensación de gas y las molestias son mucho mayores.

Lechuga y pepino observados con una lupa, alimentos relacionados con los FODMAPs

Un punto que se pasa por alto con frecuencia: que un alimento produzca gases no significa que sea el responsable de la distensión. Como muestra el estudio de Barba et al. (2019) con la lechuga: el alimento apenas generaba gas, pero el abdomen se distendía de todos modos. Quitar ese alimento sería inútil.

SIBO: el diagnóstico de moda

El sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado es un diagnóstico real, pero está enormemente sobrediagnosticado. Al contrario de la creencia popular, el síntoma principal del SIBO es la diarrea, no los gases, ya que es por definición un síndrome que produce malabsorción de los alimentos.

El SIBO ocurre en pacientes con causas plausibles que evitan nuestros mecanismos de defensa naturales contra el sobrecrecimiento: cirugías intestinales, dismotilidad gastrointestinal severa, uso crónico de opiáceos, cirugías en las que se pierde la válvula ileocecal (como la extirpación del colon derecho), entre otras.

Por lo tanto, no es el diagnóstico de la persona joven y sana que se hincha después de comer, que es lo que abunda en redes sociales y en los medios de comunicación.

Los test del aliento con lactulosa, los más utilizados, tienen limitaciones importantes. No están aceptados de forma universal por las principales sociedades internacionales de gastroenterología, ya que fallan más que una escopeta de feria en el diagnóstico.

Hay estudios que demuestran que lo que se mide con la curva de hidrógeno de estos test del aliento, es la fermentación en el ciego, no en el intestino delgado (Malagelada et al., 2017). Con lo cual esos test están midiendo las bacterias que hay en el inicio del intestino grueso (donde deberían estar), y no en el final del intestino delgado.

El test más efectivo para diagnosticar el SIBO es el cultivo del aspirado duodenal. Esto significa introducir un endoscopio y sacar una muestra de las bacterias en la primera porción del intestino delgado. Es una prueba invasiva, y hay que hacerla según los estándares establecidos, ya que es fácil que se contamine la muestra al pasar por la boca (donde hay muchísimas bacterias).

Así que tenemos problemas para el diagnóstico, pero también con el tratamiento.

El único tratamiento con evidencia son los antibióticos, y aún así, puede volver a producirse el sobrecrecimiento (y los síntomas) en un 44% de las personas a los 9 meses del tratamiento (Lauritano et al., 2008). Esto ocurre porque con los antibióticos solo modulamos las bacterias, pero no quitamos el factor de riesgo que produjo el sobrecrecimiento como por ejemplo una cirugía intestinal.

Además, el uso de antibióticos tiene el riesgo de producir resistencias bacterianas, por lo que hay que usarlos con precaución y cuando sea realmente necesario.

Luego tenemos el tema de las «dietas para el SIBO». Si ya la evidencia es escasa para el tratamiento del SII, en el caso del SIBO la evidencia es nula. Es cierto que si disminuyes el consumo de los carbohidratos que fermentan y generan gases, te encontrarás mejor, pero no soluciona el problema de base.

Si quieres saber si en tu caso tiene sentido ir por la ruta de investigar si tienes SIBO, te dejo un checklist de comprobación basado en la evidencia científica.

La microbiota

Los test comerciales de microbiota no tienen utilidad clínica en este momento. Punto. No pierdas tu tiempo y tu salud en esto.

Conocer tu microbiota hoy en día no sirve de mucho, ya que no existe una definición validada de «microbiota saludable», y aunque la hubiera, no sabemos cómo modificarla de forma efectiva y duradera.

Lo que sí puedes hacer por mejorar la diversidad de tu microbiota (basado en la evidencia) es: tener una dieta rica en fibra de diferentes fuentes, hacer actividad física de forma regular y reducir el estrés. Nada que quepa en un bote.

Cuando la distensión abdominal necesita evaluación urgente

Hay situaciones en las que la distensión abdominal no puede esperar:

  • Distensión de comienzo rápido o progresivo sin causa aparente.

  • Incapacidad para defecar o expulsar gases.

  • Dolor abdominal intenso, continuo o que no cede.

  • Vómitos.

  • Pérdida de peso involuntaria en semanas o meses.

  • Sangrado rectal.

  • Debut en mayores de 50 años sin diagnóstico previo establecido.

  • En una mujer con distensión que no sigue el patrón diurno típico: habría que descartar ascitis, masa pélvica o cáncer de ovario antes de cualquier otra consideración.

Qué pruebas tienen sentido (y cuáles no)

No existe una prueba universal para la distensión abdominal. Las que tienen sentido dependen de hacer una historia clínica completa, con tiempo para analizar los síntomas y el contexto.

Lo primero que hay que evaluar es lo más frecuente: que exista un problema de estreñimiento y/o defecación obstructiva. Si no se expulsan bien los gases, es fácil que se acumulen.

En muchas ocasiones, entender bien la historia de los síntomas y hacer un tacto rectal, puede ser más informativo que cualquier prueba complementaria.

Pero no sirve cualquier tacto rectal hecho por cualquier persona. Tiene que ser idealmente realizado por un proctólogo especialista en suelo pélvico y patología funcional. En esta prueba podemos detectar heces impactadas en el recto, tensión excesiva en los esfínteres o suelo pélvico y un problema de coordinación como la disinergia defecatoria.

Esto, sin embargo, no deja de ser una evaluación subjetiva. Si queremos confirmar un problema funcional como la disinergia defecatoria, sería recomendable hacer una manometría anorrectal de alta resolución (HRAM) y una prueba de expulsión del balón, ya que nos permite ver el patrón defecatorio, el tipo de disinergia y la sensibilidad rectal. Esto nos ayuda a crear un plan personalizado de tratamiento.

Infografía explicativa de la manometría anorrectal de alta resolución

Cuando por la exploración o los síntomas, sospecha un problema anatómico de las estructuras del suelo pélvico, la ecografía dinámica del suelo pélvico o la resonancia magnética dinámica, nos pueden ayudar a visualizar causas de bloqueo mecánico.

En caso de que exista sospecha, la serología para celiaquía (anticuerpos anti-transglutaminasa IgA con IgA total) estaría indicada.

La endoscopia se reserva para signos de alarma, no de forma rutinaria en pacientes jóvenes.

Los test del aliento para lactosa y fructosa deberían realizarse solo en el contexto de un acompañamiento por un profesional de la nutrición experto en patología digestiva, ya que es fácil caer en restricciones completas e innecesarias de grupos de alimentos, que ya hemos visto que puede ser perjudicial a largo plazo.

Personalmente (y en acuerdo con varias sociedades científicas), no creo que el test del aliento para el SIBO sea un estudio adecuado, debido a los errores de diagnóstico que produce. Sin embargo, en personas con factores de riesgo, se puede plantear hacer el aspirado duodenal o hacer un tratamiento empírico.

Cómo se trata: orientado al mecanismo, no al síntoma

El tratamiento de la distensión abdominal no es el mismo para todos. Depende de cuál sea el mecanismo dominante. Dar el mismo consejo a todo el mundo es la razón por la que tanta gente lleva años sin mejorar.

Si el problema principal es la evacuación incompleta

En el caso de que exista estreñimiento colónico con heces duras, lo primero será optimizar el tránsito intestinal. Para esto, aunque suene repetitivo, la dieta alta en fibra es clave. La realidad es que en nuestro medio difícilmente conseguimos los 25-30 gramos de fibra al día recomendables.

Pero ojo, no se trata de tomar más fibra sin más, o de aumentarla masivamente de un día para otro. La fibra insoluble y fermentable puede aumentar la producción de gas en un intestino susceptible. No toda fibra se comporta igual (Foley et al., 2014).

Así que este cambio de hábitos bienintencionado, puede hacer que notes más distensión y caigas en las restricciones innecesarias. Para poder hacer cambios progresivos y sostenibles en la dieta, la ayuda de un dietista-nutricionista especialista en patología digestiva es fundamental.

Hacer actividad física de forma regular también es un buen aliado del tránsito intestinal. Más que matarnos un día a la semana en el gimnasio, se trata de estar activos a lo largo del día y evitar el sedentarismo.

Si con estos cambios del estilo de vida las heces siguen siendo muy duras y difíciles de expulsar, los laxantes son una herramienta efectiva y segura. Eso sí, tienen que estar prescritos por un médico y hacer un seguimiento adecuado para asegurar la dosis óptima y el efecto adecuado.

En el caso que el estreñimiento esté a nivel del suelo pélvico, mejorar la técnica defecatoria es un buen primer paso. Mejorar la posición en el baño (link artículo), utilizando un taburete para apoyar los pies y que las rodillas queden por encima de las caderas (imitando la posición de cuclillas), ayuda a alinear el recto y el ano al relajar el suelo pélvico.

¿Cómo saber si existe una disinergia defecatoria? Una de las pruebas más útiles para evaluar los trastornos funcionales anorrectales es la manometría anorrectal de alta resolución. Con los resultados de esta prueba, podemos dirigir de forma específica la rehabilitación del suelo pélvico y obtener mejores resultados.

Pero la fisioterapia del suelo pélvico no se trata de hacer ejercicios de Kegel (ya sabes, esos de contracción), sino más bien de reeducar la coordinación y la técnica defecatoria. En los estudios, el biofeedback específico tiene evidencia sólida para problemas de defecación obstructiva funcional (Cangemi y Lacy, 2022).

Sin embargo, en la práctica clínica lo que creo más importante es la experiencia e implicación del fisioterapeuta. De nada sirve enchufarte a una máquina de biofeedback y ponerte a hacer las maniobras por tu cuenta, que tener a un fisioterapeuta especializado en coloproctología que te guíe en tu caso específico.

Si el mecanismo es la disinergia abdomino-frénica

El tratamiento con mayor evidencia en los estudios es el biofeedback guiado por electromiografía, que enseña al paciente a revertir el patrón paradójico del diafragma y la pared abdominal (Barba et al., 2015; Barba et al., 2017). Ahora bien, su disponibilidad es limitada.

En la vida real (esa que ocurre fuera de los estudios), una fisioterapeuta del suelo pélvico con experiencia puede mejorar la coordinación entre la pared abdominal y el diafragma. Al fin y al cabo, el diafragma, el abdomen y el suelo pélvico trabajan en conjunto, por lo que se tratan con frecuencia en las sesiones de rehabilitación.

Las intervenciones con respaldo creciente son la respiración diafragmática postprandial (cinco a diez minutos después de comer, prestando atención activa a evitar la proyección del abdomen y promover la expansión costal suave) y la reeducación postural para evitar posiciones que compriman el abdomen después de las comidas. Los paseos suaves posprandiales y el yoga digestivo pueden complementar (Damianos et al., 2023).

Si el mecanismo es la hipersensibilidad visceral

La educación es la primera intervención: entender que el sistema de alarma digestivo está hiperactivado pero no dañado reduce la ansiedad y, con ella, parte de los síntomas.

Cuando tenemos las tripas más sensibles tendemos a vigilar todo lo que comemos y lo que nos puede sentar peor. Error. La hipervigilancia lo que hace es aumentar el foco en esa zona y empeorar los síntomas. Además, en estos casos no siempre que te siente mal un alimento es por culpa del alimento en sí. Si nuestra lista de alimentos prohibidos empieza a crecer, nuestra microbiota empieza a decrecer, lo que hace que tengamos más síntomas a largo plazo.

Las técnicas de mindfulness y reducción del estrés tienen evidencia en el síndrome de intestino irritable, donde la hipersensibilidad visceral es uno de los factores clave.

En casos con ansiedad notable, la psicoterapia o los neuromoduladores a dosis bajas (antidepresivos tricíclicos o inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina) han mostrado resultados positivos en ensayos controlados (Malagelada et al., 2017).

Infografía del tratamiento de la distensión abdominal según el mecanismo causante

Lo que no funciona (o tiene evidencia muy limitada)

Es tentador pensar que un medicamento pueda ser la solución para los gases o la distensión abdominal. Con lo frecuente que son estos síntomas digestivos, el laboratorio que lo consiga se hará multimillonario.

Me temo decirte que no existen medicamentos que hayan demostrado eficacia para la distensión abdominal. Ojalá.

La simeticona (ejemplos comerciales: Aerored, Imonogas y Noraflat) y el carbón activado tienen un efecto modesto o nulo para la distensión abdominal.

En cuanto a las enzimas digestivas, si no tienes un déficit de una enzima en particular que haya que sustituir, su consumo no mejora los síntomas funcionales.

Los probióticos son de esos compuestos que se quieren usar para todo. Pero la realidad es que su uso no está respaldado por la evidencia, y algunos pueden incluso empeorar los síntomas (Lacy et al., 2021).

Preguntas frecuentes

Tengo distensión abdominal todos los días: ¿es algo grave?

La distensión que aparece a lo largo del día y que no está presente al levantarse, que lleva meses o años, y que no se acompaña de pérdida de peso, sangrado ni dolor intenso, es más compatible con un mecanismo funcional que con una causa orgánica grave. Eso no significa que deba ignorarse; significa que merece una evaluación clínica ordenada, no un ciclo indefinido de dietas de exclusión o suplementos inútiles.

Me han diagnosticado SIBO pero los antibióticos no me hacen efecto ¿Por qué?

Puede ocurrir que el diagnóstico no sea correcto (ya que el test del aliento no es la prueba ideal), que el mecanismo dominante sea otro (disinergia defecatoria, disinergia abdomino-frénica, hipersensibilidad visceral), o que exista un SIBO real pero con causa subyacente no resuelta. Si el problema de base no está resuelto, el SIBO volverá.

La dieta baja en FODMAPs me ayuda un poco pero no del todo ¿Qué más puedo hacer?

Que los síntomas mejoren parcialmente comiendo alimentos menos fermentables (es decir, que produzcan menos gases) es lógico. Sin embargo, esto no es una solución a largo plazo, y de hecho las restricciones alimentarias son, en general, contraproducentes. Es importante evaluar si existe un componente de estreñimiento, evacuación incompleta, disinergia abdomino-frénica o hipersensibilidad visceral que la dieta no va a resolver.

¿Es normal tanta distensión después de cada comida?

Tener sensación de hinchazón y cierto grado de distensión abdominal visible después de comer es normal, y es parte de los procesos de digestión. Parece que hemos patologizado tener gases y expulsarlos. El problema está cuando la distensión es desproporcionada, persistente durante horas y que deteriora la calidad de vida. Ese patrón sí merece evaluación profesional, no resignación o confianza ciega en las soluciones milagrosas que venden por internet.

Me han dicho que tengo inflamación intestinal, ¿es lo mismo que distensión?

No. La inflamación intestinal real tiene criterios objetivos que podemos medir con las pruebas: hallazgos endoscópicos o radiológicos, alteraciones analíticas, elevación de la calprotectina en una prueba de heces. La distensión y la hinchazón no son, por si solas, indicadores de inflamación.

El término «inflamación abdominal» se usa con frecuencia de forma imprecisa para describir lo que en rigor es distensión o hinchazón funcional. El lenguaje importa, porque condiciona los remedios que busca el paciente: si cree que tiene inflamación, buscará medicación, suplementación o dietas antiinflamatorias, lo que le alejará de evaluar y tratar la causa de base.

El intestino tiene pocas formas de quejarse, y la distensión es una de ellas. Detrás puede haber cualquier cosa: un suelo pélvico que no coordina, un diafragma que baja cuando debería subir, o unas tripas que llevan meses sin que nadie les haga la pregunta correcta.

Nadie te va a quitar la «tripa de embarazada» eliminando el gluten si el problema es, por ejemplo, que el diafragma no sube cuando toca.

Si llevas meses con la tripa hinchada y has probado de todo sin saber por qué, no te falta otra dieta de exclusión. Te falta saber cuál de estos mecanismos es el tuyo. En la consulta anorrectal funcional (o ProctoCheck) hacemos la manometría anorrectal de alta resolución junto con la exploración clínica para verlo con datos, no a ojo.

Aquí puedes ver más información y reservar el ProctoCheck.

Referencias bibliográficas

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