Te has encontrado un bulto en el ano.
No estaba ahí ayer. O, al menos, no lo habías visto.
Y como parece que todo lo que pasa en el ano son hemorroides, pues concluyes que son hemorroides.
Haces una búsqueda rápida en Google y terminas con mucha más confusión que antes: ¿las tengo que empujar hacia adentro? ¿qué crema me tengo que poner? ¿las tengo que operar?
Es tentador llamarle hemorroides externas a cualquier bulto que está por fuera del ano, pero no siempre es correcto.
Llamamos hemorroides externas a cosas bastante diferentes: un bulto morado y doloroso que ha aparecido de repente, una piel que lleva años colgando alrededor del ano o unas hemorroides internas que salen durante la deposición.
Y cada una se trata de una manera distinta.
Así que empecemos por poner un poco de orden ahí abajo.
Hemorroide externa y almorrana externa: ¿son lo mismo?
Sí. Almorrana es simplemente la palabra coloquial que utilizamos para referirnos a una hemorroide.
Por tanto, cuando alguien habla de almorranas externas, en principio se está refiriendo a hemorroides externas.
El problema es que bajo esa etiqueta suelen meterse varios tipos de bultos anales:
- Una trombosis hemorroidal externa.
- Un plicoma o colgajo de piel.
- Una hemorroide interna prolapsada.
- Una combinación de hemorroides internas y tejido externo.
- Una fisura con un colgajo centinela.
- Un absceso, una fístula, una verruga o alguna otra lesión que no tiene nada que ver con las hemorroides.
No todo bulto que aparece en el ano es una hemorroide. Aunque reconozco que las hemorroides tienen un departamento de marketing estupendo y consiguen llevarse el mérito de casi todo lo que ocurre allí.
La anatomía del ano: qué son realmente las hemorroides
Las hemorroides no son unas venas inútiles que han decidido crecer para amargarte la vida.
Todos tenemos hemorroides.
Los llamados cojinetes hemorroidales están formados por vasos sanguíneos, fibras musculares y tejido de sostén. Ayudan a cerrar el canal anal y contribuyen a la continencia fina: esa capacidad de distinguir y contener gases, líquidos y heces cuando corresponde.
Es decir, tienen una función.
Las hemorroides se convierten en una enfermedad cuando ese tejido aumenta de tamaño, se desplaza, prolapsa, sangra o se trombosa. No son exactamente varices del ano, aunque esta explicación haya sobrevivido durante décadas (Lohsiriwat, 2012; Margetis, 2019).
La línea dentada o línea pectinea divide el canal anal en dos territorios bastante diferentes:
- Por encima se encuentran las hemorroides internas, cubiertas por mucosa y con poca sensibilidad al dolor.
- Por debajo está la piel del canal anal y del margen del ano, que sí tiene abundantes terminaciones nerviosas.

Esta diferencia explica algo que repito bastante en consulta:
Las hemorroides internas no duelen.
Las lesiones externas sí que pueden doler… y mucho. Sobre todo cuando se inflaman o se trombosan.
Hemorroides internas, externas y mixtas: diferencias importantes
Las hemorroides internas se originan por encima de la línea dentada. Suelen provocar sangrado rojo vivo, prolapso, molestias, humedad o dificultad para limpiarse.
Como están cubiertas por mucosa, no deberían causar un dolor intenso salvo que se produzca alguna complicación, como un prolapso incarcerado o una crisis con mucha inflamación que llegue a afectar a la parte externa.
Las hemorroides externas se localizan por debajo de la línea dentada y están cubiertas por piel sensible.
Aquí conviene hacer una precisión. Proceden de unos vasos propios, situados en la parte más externa del canal anal, distintos del plexo hemorroidal interno.
Por eso en otros países se ha cambiado la nomenclatura. Prefieren hablar de venas perianales y utilizar el término trombosis perianal cuando se forma un coágulo en uno de esos vasos (van Tol et al., 2020; De Schepper et al., 2021). Así se evita confundirlo con una hemorroide interna prolapsada y trombosada que es muchísimo menos frecuente, pero es una urgencia quirúrgica.
De ahí que muchas veces diga de forma tajante: las «mal llamadas» hemorroides externas, para evitar confusiones innecesarias y que la gente piense que se tratan igual que las hemorroides internas.
Pero como la mayoría de las personas lo conocen como trombosis hemorroidal externa, seguiré usando ambos nombres. El objetivo es entendernos, no ganar un concurso de terminología proctológica.
También existen las hemorroides mixtas, que tienen un componente interno y otro externo. En ellas puede haber prolapso desde el interior, acompañado de piel o tejido externo que permanece visible alrededor del ano.
Detenernos en esta distinción entre una u otra no es un capricho lingüístico. Determina qué tratamiento es más efectivo en cada caso.
Por qué aparecen las hemorroides externas: factores de riesgo reales
No existe una única causa, aunque en este caso los factores de riesgo son los mismos que para la aparición de las hemorroides internas.
- Estreñimiento y heces duras.
- Esfuerzo intenso al defecar.
- Diarrea repetida.
- Pasar demasiado tiempo sentado en el inodoro.
- Embarazo y parto.
- Un esfuerzo físico importante.
- Cambios bruscos del ritmo intestinal.
Y otras veces no encontramos ninguno.
La relación entre estreñimiento y enfermedad hemorroidal es más compleja que decir que «las hemorroides aparecen porque no comes fibra». El esfuerzo, la obstrucción para evacuar, la sensación de no terminar y la forma de utilizar el suelo pélvico pueden ser más importantes que el número de veces que vas al baño (De Marco y Tiso, 2021).
Puedes ir todos los días y hacer un auténtico parto defecatorio en cada visita.
Cuando existe una disinergia defecatoria, el suelo pélvico y los esfínteres no se relajan (o no se coordinan) correctamente al intentar expulsar las heces. Es como apretar un tubo de pasta de dientes sin quitarle el tapón. Para compensar, haces más fuerza. Y esa presión repetida termina pasando factura al tejido hemorroidal.

En el embarazo y el posparto se juntan varios factores: cambios hormonales, aumento de la presión abdominal, estreñimiento, dificultad para evacuar y el esfuerzo del parto.
En un estudio prospectivo con 280 mujeres, el estreñimiento, los antecedentes de patología anal, los pujos durante más de 20 minutos y un mayor peso del bebé se asociaron con más hemorroides y fisuras durante el embarazo y el posparto (Poskus et al., 2014).
Otro estudio observó que la gran mayoría de las trombosis externas del posparto aparecían durante el primer día después del nacimiento y que la dificultad para vaciar el recto era uno de los factores más relevantes (Abramowitz et al., 2002).
De hecho, las crisis hemorroidales o trombosis externa después del parto duelen más que cualquier pequeño desgarro o episiotomía, según lo que me cuentan las pacientes.
¿El picante provoca hemorroides externas?
De hecho, existen dos posibles mecanismos que hacen que el picante empeore los síntomas de irritación anal: te hace tener las heces más blandas (y se produce una pequeña fuga) o en realidad lo que tienes es una fisura anal (Gupta, 2005).
Pero no hace falta desterrar el curry de tu vida por miedo a que las almorranas te amarguen la vida.
El picante ha conseguido cargar durante años con la culpa de las hemorroides.
Sin demasiadas pruebas, todo sea dicho.
En un pequeño ensayo cruzado, 50 personas con hemorroides sintomáticas tomaron chile o placebo sin que se observara un empeoramiento significativo del sangrado, el dolor, el picor o el ardor después de la comida picante (Altomare et al., 2006).
Eso no significa que tengas que bañarlo todo en salsa picante. Si notas que algo concreto te irrita o aumenta el escozor, puedes evitarlo durante una crisis.
De hecho, si notas que el picante te empeora mucho los síntomas anales, como el picor, el escozor o incluso el dolor, habría que sospechar que tuvieses una fisura anal.
En un ensayo aleatorizado y cruzado con pacientes con fisura anal aguda, el consumo de chile aumentó significativamente el dolor y la sensación de quemazón respecto al placebo (Gupta, 2008).
Esto puede deberse al efecto de la capsaicina sobre los receptores del dolor y, posiblemente, a que el picante acelera el tránsito intestinal y aumenta la frecuencia de las deposiciones.
Así que antes de culpar al curry, conviene saber qué lesión tienes realmente. Porque si hay una fisura, el picante puede hacerte acordarte de ella bastante más de lo deseable.
Aunque en realidad, si no tienes problemas con tu ano, no deberías acordarte nunca.
Síntomas de las hemorroides externas y problemas que pueden confundirse
Una hemorroide externa (a pesar de lo que se cree), no suele producir sangrado. La mayoría de personas consultan por un bulto o colgajo de piel que puede molestarle.
Los síntomas que producen dependen de qué exista realmente:

Cuando hay una trombosis externa
Lo habitual es notar:
- Un bulto que aparece de forma brusca.
- Dolor continuo, sobre todo durante los primeros días.
- Bulto anal de color morado o azulado.
- Dolor al sentarse, caminar o limpiarse.
- Sensación de presión en el ano.
El sangrado es menos frecuente, aunque puede aparecer si la presión del trombo ulcera la piel y se abre una pequeña herida.
Cuando queda un plicoma
Después de una trombosis, una crisis hemorroidal (típica en el parto) o una inflamación importante que afecte a la parte externa, la piel puede quedarse estirada.
Es lo que llamamos plicoma anal o skin tag.
Se parece un poco a un globo después de desinflarse: el contenido desaparece, pero la piel no siempre vuelve a su forma original.
El plicoma suele ser blando, del mismo color que la piel y poco o nada doloroso. Puede no causar ningún problema o producir:
- Dificultad para limpiarse.
- Picor.
- Irritación.
- Sensación de humedad.
- Molestia estética.
Estos plicomas no desaparecen con ningún tipo de crema. Ninguno.
Cuando en realidad no son hemorroides
Si notas un bulto o un pellejito de piel muy sensible, especialmente si se acompaña de dolor al defecar, puede tratarse de un plicoma centinela, una lesión asociada a una fisura anal crónica o recurrente. En este artículo sobre las causas de un bulto en el ano explico cómo distinguirlo de otros bultos frecuentes.
Un absceso puede empezar como un bulto doloroso. Una fístula puede producir inflamación y supuración. También existen verrugas, lesiones dermatológicas y tumores anales.
Por eso el diagnóstico no debería hacerse únicamente mediante una fotografía tomada con el móvil en una postura que probablemente no figuraba entre tus planes para esa tarde.
Trombosis hemorroidal externa: por qué aparece ese bulto doloroso
Una trombosis hemorroidal externa se produce cuando se forma un coágulo dentro de uno de los vasos del plexo externo. El resultado es un bulto duro, tenso y generalmente violáceo.
Como está situado bajo una piel muy sensible (la parte externa del ano), puede doler bastante. Además, el dolor provoca una contracción refleja de los esfínteres, que dificulta el retorno de la sangre y aumenta la presión en el bulto.
Se produce un círculo vicioso de dolor, contracción, más congestión y más dolor.

El dolor normalmente es más intenso durante las primeras 48-72 horas y después comienza a disminuir. El bulto tarda más en desaparecer porque el organismo necesita reabsorber el coágulo poco a poco (Chan y Arthur, 2013; Picciariello et al., 2022).
En un estudio retrospectivo, las personas tratadas de forma conservadora tardaron una media de 24 días en notar la resolución completa de los síntomas. Pero una media no es una fecha de caducidad: algunas mejoraron antes y otras tardaron bastante más (Greenspon et al., 2004).
En este artículo sobre la trombosis hemorroidal externa explico con más detalle por qué ocurre, cuánto suele durar y qué opciones existen para tratarla.
¿Las hemorroides externas tienen grados?
No. Los famosos grados I, II, III y IV se aplican a las hemorroides internas y describen cuánto prolapsan:
- Las de grado I no salen del canal anal.
- Las de grado II salen al defecar y vuelven solas.
- Las de grado III necesitan ser reintroducidas manualmente.
- Las de grado IV permanecen fuera y no pueden reducirse.
Una trombosis hemorroidal externa no es una hemorroide de grado IV. Tampoco se convierte en grado IV porque sea especialmente grande, morada o poco fotogénica.
Las lesiones externas se describen según su aspecto, tamaño, síntomas, evolución y si existe una trombosis, inflamación, ulceración o un plicoma residual.
Esta diferencia es importante porque los tratamientos diseñados para los grados de las hemorroides internas no sirven necesariamente para el componente externo.
Cómo se diagnostican: qué buscamos en la exploración
El diagnóstico suele ser clínico. Eso quiere decir que no necesitamos pruebas especiales, ya que se aprecia fácilmente en la exploración, siempre que la haga un profesional con experiencia.
Pero en proctología (y en toda la medicina en general), lo más importante es la historia clínica. Es decir, escuchar cómo empezaron tus síntomas, cuánto llevas con el bulto, cómo cambia, tus hábitos defecatorios, etc.
Después (si nos dejas), pasamos a la inspección del margen anal.
Una trombosis externa suele verse como un bulto azulado, cubierto por piel. Un plicoma es más blando y del color de la piel. Una hemorroide interna prolapsada está recubierta por una mucosa más rojiza y húmeda. Podemos distinguirlas de otras lesiones que son menos frecuentes.
El tacto rectal y la anoscopia lo hacemos de forma selectiva. Si alguien llega con una trombosis externa extremadamente dolorosa, no hace falta lanzarse sobre su ano con todos los instrumentos disponibles para demostrar entusiasmo diagnóstico. Muchas veces la inspección basta inicialmente y el resto de la exploración puede completarse cuando hayamos tratado el dolor y los síntomas iniciales.
Si existe sangrado, tampoco debemos dar por hecho que procede de las hemorroides. Según la edad, los antecedentes, los cambios en el ritmo intestinal y otros síntomas, puede ser necesario estudiar el colon (Hawkins et al., 2024).
Tratamiento conservador: aliviar los síntomas y evitar nuevas crisis
La mayoría de las trombosis externas pueden tratarse sin cirugía, lo que no significa que no se pueda hacer nada en el momento agudo.
El tratamiento conservador busca controlar el dolor, favorecer la reabsorción y facilitar la evacuación.
Puede incluir:
- Analgésicos o antiinflamatorios cuando no estén contraindicados.
- Anestésicos locales durante periodos cortos.
- Relajantes musculares tópicos.
- Medicación flebotónica (mejora el retorno venoso).
- Pautas dietéticas y/o laxantes para mejorar la consistencia de las heces.
- Higiene suave con agua para evitar las molestias.
- Baños de asiento con agua templada para ayudar a relajar el músculo.
- Evitar el esfuerzo defecatorio mejorando la posición defecatoria.
La fibra ha demostrado reducir los síntomas generales y el sangrado de la enfermedad hemorroidal, aunque la mayoría de los estudios se refieren al conjunto de la enfermedad y especialmente al componente interno (Alonso-Coello et al., 2005). No deshace un trombo externo como si fuera un producto desatascador, pero sí que ayuda a facilitar la evacuación y que haya menos presión en la zona.
Si las heces ya son blandas pero sigues necesitando empujar, cambiar únicamente la dieta puede quedarse bastante corto.
En esos casos hay que valorar si existe una dificultad de salida, un exceso de tono del suelo pélvico o una disinergia defecatoria. Normalmente esta evaluación la realizamos una vez haya disminuido la hinchazón y/o el dolor, para poder tener resultados más fiables. Sin esa valoración, es fácil que las crisis se repitan.
Cremas, pomadas y medicamentos: qué pueden hacer y qué no
Las pomadas pueden aliviar, pero no hacen magia. Lo importante es saber cuál es el origen de ese bulto externo para poder afinar en el tratamiento.
Los anestésicos locales reducen temporalmente el dolor y el escozor, sobre todo si se trata de un plicoma centinela relacionado con una fisura anal, o en casos de una trombosis hemorroidal externa.
Los corticoides pueden disminuir la inflamación superficial durante periodos cortos, pero utilizados durante demasiado tiempo pueden irritar o adelgazar la piel. No están recomendados para una fisura anal, y tampoco van a solucionar una trombosis hemorroidal externa, pero podríamos valorarlo en casos de dermatitis relacionada con los plicomas.
Ahora bien, ninguna crema elimina un plicoma o hemorroide externa.
En el caso de la trombosis hemorroidal externa, tiene sentido aplicar pomadas que ayuden a relajar el músculo para favorecer la reabsorción. Estas incluyen medicamentos como la nitroglicerina, el diltiazem o el nifedipino.
Se ha estudiado el uso de nifedipino tópico combinado con lidocaína. En un ensayo con 98 pacientes, el grupo tratado con nifedipino presentó menos dolor, necesitó menos analgésicos y tuvo una resolución más rápida que el grupo tratado solo con lidocaína (Perrotti et al., 2001).
La nitroglicerina tópica también se ha utilizado para relajar el esfínter y reducir el dolor, aunque puede causar cefalea y su eficacia fue inferior a la excisión en un ensayo que comparó ambas opciones (Cavčić et al., 2001).
Si quieres conocer un listado exhaustivo sobre las cremas hemorroidales, sus beneficios y contraindicaciones, te recomiendo que leas este artículo.
Bandas, escleroterapia y láser: por qué no sirven para todas las hemorroides
Este es uno de los puntos que más confusión genera. Las bandas elásticas, la escleroterapia y buena parte de los tratamientos con láser están pensados para tratar hemorroides internas.
Bandas elásticas
La banda se coloca por encima de la línea dentada, donde no hay sensibilidad dolorosa como en la piel externa.
La banda estrangula el tejido interno, que termina desprendiéndose y dejando una pequeña cicatriz que fija la mucosa.
No puede colocarse sobre una hemorroide externa o un plicoma ya que, como explicaba al principio, es una zona muy sensible y generaría muchísimo dolor.
Bueno, técnicamente alguien podría intentarlo. También podría meterse un tenedor en un enchufe. Ninguna de las dos cosas sería una buena idea.
Escleroterapia
La escleroterapia consiste en inyectar una sustancia dentro del tejido hemorroidal interno para provocar fibrosis y reducir el sangrado.
No elimina la piel externa ni trata una trombosis perianal, y tampoco es un tratamiento recomendable.
Láser
La hemorroidoplastia láser o LHP trata principalmente el tejido hemorroidal interno desde dentro. Puede reducir el prolapso y el sangrado en pacientes bien seleccionados, pero no hace desaparecer automáticamente un componente externo importante.
Sin embargo, el láser también puede utilizarse como instrumento de corte para extirpar tejido externo. Pero en ese caso sigue existiendo una herida, igual que si realizamos la extirpación con un bisturí eléctrico, por lo que igualmente genera dolor en el postoperatorio.

Cuándo conviene operar una trombosis hemorroidal externa
No todas las trombosis necesitan cirugía. Sin embargo, la cirugía tiene una ventaja clara: elimina la recurrencia. Es lógico: si eliminas el tejido que se trombosa, ese tejido no puede volver a trombosarse.
Por eso algunos estudios recomiendan la excisión temprana en ciertos pacientes, sobre todo cuando el dolor es muy intenso, el bulto es grande y el cuadro acaba de empezar (Hawkins et al., 2024).
La lógica es la siguiente: durante los primeros días el dolor suele estar en su punto máximo y retirar el tejido trombosado puede proporcionar un alivio más rápido.
¿Cuál es el problema? Que cuanto mayor sea el tamaño de ese bulto, mayor será la herida que quede tras una extirpación. Esto podría empeorar un problema de base de hipertonía o disfunción del suelo pélvico.
Por lo tanto, la decisión tiene que estar basada en una buena historia clínica y exploración, valorando los pros y contras y, sobre todo, las preferencias del paciente.
Cuando se decide intervenir, la excisión completa suele ser preferible a realizar un pequeño corte para sacar únicamente el coágulo. El trombo puede estar dividido en varios compartimentos y la incisión puede cerrarse antes de que se haya vaciado todo. Eso facilita que vuelva a llenarse.
Cuándo se extirpa un plicoma o componente externo crónico
Un plicoma no necesita operarse por el mero hecho de existir. Pero en el caso de que dé síntomas, la extirpación puede mejorar mucho la calidad de vida.
Se puede plantear su extirpación si:
- Dificulta mucho la higiene.
- Provoca irritación o dermatitis repetida.
- Se inflama o traumatiza con frecuencia.
- Se trombosa repetidamente.
- Produce una molestia importante.
- Existen dudas sobre el diagnóstico.
- Forma parte de una enfermedad hemorroidal mixta que también requiere cirugía.
Pero en estos casos, lo que me parece más importante es una valoración funcional completa para asegurar que diagnosticamos y resolvemos lo que ha causado esos episodios de inflamación, trombosis de repetición o enfermedad hemorroidal.
Si por ejemplo sigues haciendo fuerza contra un suelo pélvico cerrado, la cirugía puede quitar la consecuencia (el plicoma) sin resolver el mecanismo que la produjo (la disinergia defecatoria).
Qué cambiar en el día a día para reducir las crisis
No existe una rutina que garantice que nunca volverás a tener inflamación o trombosis, pero sí podemos reducir algunos desencadenantes.
El objetivo no es que vayas al baño todos los días a la misma hora como un reloj suizo. El objetivo es que puedas evacuar sin hacer una fuerza excesiva, sin dolor y sin quedarte media vida sentado en el inodoro.
Eso puede implicar:
- Mantener una consistencia adecuada de las heces.
- Utilizar fibra o laxantes cuando estén indicados.
- No retrasar constantemente el deseo de defecar.
- Evitar permanecer sentado después de haber terminado.
- No empujar durante minutos con el ano cerrado.
- Tratar la diarrea repetida.
- Valorar el suelo pélvico si existe evacuación incompleta u obstrucción defecatoria.

Suele surgir una duda habitual entre los pacientes que vienen a la consulta: ¿debo dejar de hacer ejercicio si tengo inflamación de las hemorroides externas?
Y la respuesta suele ser que no, pero con salvedades.
La actividad física de forma regular puede favorecer el tránsito intestinal, lo que ayuda a mejorar los síntomas y evitar la progresión. Sin embargo, durante un episodio agudo de trombosis o inflamación, hay ejercicios que pueden aumentar el dolor por la presión directa sobre la zona (como el ciclismo, remo, etc.), y otros que, según cómo se hagan, pueden hacer que aumente la presión en la zona (como algunos ejercicios de fuerza).
Levantar una mancuerna no es el problema. Bloquear la respiración, empujar hacia abajo y usar el suelo pélvico como si fuese el parachoques de un coche, sí lo es.

Ahora bien. Si no tienes síntomas durante el ejercicio, no tienes por qué dejarlo.
Mitos sobre las hemorroides y almorranas externas
«Todas las hemorroides duelen»
No. De hecho, solo duelen de forma excepcional.
Las hemorroides internas suelen sangrar o prolapsar, pero normalmente no producen dolor. Si el dolor es importante hay que pensar en una trombosis externa, una fisura, un absceso u otra complicación.
«Un bulto externo es una hemorroide de grado IV»
No.
Los grados se aplican a las hemorroides internas. Un bulto externo puede ser una trombosis, un plicoma o una lesión diferente.
«Las cremas hacen desaparecer las hemorroides externas»
Pueden aliviar síntomas. No eliminan un plicoma ni garantizan que un trombo desaparezca antes.
«Las bandas sirven para cualquier hemorroide»
Las bandas se utilizan para hemorroides internas. No deben colocarse sobre la piel externa nunca.
«El picante provoca hemorroides»
No se ha demostrado. Puede aumentar el escozor en algunas personas, pero no existe una razón científica para prohibírselo a todo el mundo (Altomare et al., 2006).
«La trombosis puede viajar hasta el pulmón»
No se comporta como una trombosis venosa profunda de la pierna. Es un coágulo localizado en los pequeños vasos perianales.
«Hay que operar todas las trombosis antes de 72 horas»
Tampoco.
La cirugía puede resultar útil en casos seleccionados, pero la gran mayoría de las trombosis mejoran sin intervención.
«Si me opero, nunca volveré a tener hemorroides»
La cirugía elimina el tejido tratado. No impide que otros vasos externos se trombosen ni corrige por sí sola el estreñimiento, la diarrea, el esfuerzo defecatorio o una disfunción del suelo pélvico.
Preguntas frecuentes sobre las hemorroides externas
¿Hemorroide externa y almorrana externa son exactamente lo mismo?
Sí. Almorrana es el nombre coloquial de hemorroide.
Ahora bien, muchas personas llaman almorrana externa a cualquier bulto alrededor del ano. Puede tratarse de una trombosis, un plicoma, una hemorroide interna prolapsada o una lesión completamente distinta.
¿Las hemorroides externas desaparecen solas?
Una trombosis externa puede reabsorberse sin cirugía. Primero suele mejorar el dolor y después disminuye progresivamente el bulto. Puede desaparecer por completo o dejar un pequeño colgajo de piel que es lo que llamamos plicoma, colgajo cutáneo o skin tag.
Un plicoma ya establecido no suele desaparecer solo porque es piel sobrante, no inflamación.
¿Cuánto tiempo tarda en desaparecer una hemorroide externa sin tratamiento?
En una trombosis externa, el dolor suele ser más intenso durante los primeros dos o tres días y después empieza a mejorar.
El bulto puede tardar varias semanas en reabsorberse. En un estudio, la resolución de los síntomas con tratamiento conservador tardó una media de 24 días, aunque hubo bastante variabilidad entre pacientes (Greenspon et al., 2004).
¿Puedo tener hemorroides externas sin sangrado?
Sí. El sangrado no es habitual en las hemorroides externas.
Cuando una trombosis hemorroidal externa sangra, suele ser porque la presión ha ulcerado la piel que la cubre.
¿En qué se diferencia una hemorroide externa de una trombosis hemorroidal?
El término hemorroide externa se utiliza de forma general para hablar del tejido vascular o cutáneo situado alrededor del ano.
La trombosis hemorroidal externa es un episodio agudo en el que se forma un coágulo dentro de uno de esos vasos. Suele provocar un bulto duro, violáceo, doloroso y de aparición brusca.
¿Cuándo es urgente consultar por una hemorroide externa?
Conviene solicitar una valoración rápida si:
- El dolor es muy intenso o aumenta.
- Hay fiebre o malestar general.
- Aparece pus.
- El enrojecimiento se extiende.
- El sangrado es abundante.
- El tejido se vuelve negro.
- Tienes inmunosupresión.
- Tomas anticoagulantes.
- No está claro que sea una hemorroide.
Un absceso anal puede confundirse inicialmente con una hemorroide y necesita un tratamiento completamente diferente.
¿El frío o el calor alivian las hemorroides externas?
El calor templado puede relajar los esfínteres y disminuir la sensación de presión o dolor. Por eso algunas personas se encuentran mejor con baños de asiento.
No tenemos grandes ensayos clínicos que demuestren que aceleren la desaparición de una trombosis, pero pueden resultar agradables.
El frío puede reducir temporalmente la sensación de inflamación, siempre que no se aplique hielo directamente sobre la piel. Muchas personas notan alivio, ya que «duerme» un poco la zona.
Si quieres saber más sobre este tema, te recomiendo que leas mi opinión (basada en la literatura) sobre el polémico asunto.
¿Puedo hacer deporte con hemorroides externas?
Sí, si el dolor lo permite.
Durante una crisis puede ser razonable reducir temporalmente el ciclismo, el remo, los ejercicios de fuerza intensa o cualquier actividad que aumente claramente las molestias.
No es necesario guardar reposo absoluto. Puedes caminar y mantener una actividad suave mientras mejoras.
¿Las cremas para hemorroides curan las hemorroides externas?
No. Pueden disminuir temporalmente el dolor, el escozor o la inflamación superficial. No eliminan un plicoma y no garantizan la reabsorción rápida de una trombosis.
Además, las pomadas con corticoides no deberían utilizarse durante periodos prolongados sin supervisión.
¿Por qué me vuelven a salir hemorroides externas después de tratarlas?
Porque tratar un episodio no siempre elimina los factores que lo favorecieron.
Pueden repetirse si persisten:
- El esfuerzo defecatorio.
- La dificultad para relajar el suelo pélvico.
- El estreñimiento o la diarrea.
- Las heces duras.
- Los cambios importantes de presión abdominal.
- El embarazo o el parto.
- La predisposición individual.
A veces el bulto que notas no es una trombosis nueva: es el plicoma que quedó de la anterior.
Y aquí está la cuestión.
Antes de volver a poner otra crema, otro flebotónico o buscar una cirugía que «quite todo», hay que saber qué es exactamente ese bulto.
Porque el ano tiene pocos centímetros, pero bastantes posibilidades diagnósticas.
Si después de leer todo esto tienes claro que lo tuyo es un colgajo o una hemorroide externa que no se va a ir sola, aquí explico cómo planteamos la extirpación de hemorroides externas en ProctoPelvis.
