¿Te han dicho que te tienes que operar de hemorroides? ¿O peor aún, tú mismo lo estás deseando porque ya no aguantas más?
Déjame decirte algo que probablemente nadie te ha contado: no todas las hemorroides se deben operar. Ni siquiera todas las que se «salen», ni todas las que molestan, ni mucho menos todas las que sangran.
La cirugía hemorroidal es una herramienta muy útil… cuando se usa bien. Pero cuando se indica mal, sin evaluar a fondo al paciente, sin corregir antes lo que realmente ha causado el problema, lo que consigues no es un alivio: es una receta para el infierno. De ahí viene la mala fama que tiene.
Pero la realidad es que una cirugía bien indicada, en el momento adecuado y con la técnica correcta, puede devolverte la calidad de vida perdida durante todo este tiempo.
Aquí te voy a contar todo lo que necesitas saber para entender de verdad qué es la cirugía de hemorroides, cuándo está bien indicada, qué alternativas existen y, lo más importante, cómo evitar una operación innecesaria y un postoperatorio eterno.
Spoiler: si te duele el ano y alguien te quiere operar de hemorroides sin más, sal corriendo.
¿Qué es la cirugía de hemorroides y cuándo está indicada?
La cirugía de hemorroides es una intervención médica que busca eliminar o reducir el tejido hemorroidal que ha dejado de responder a tratamientos conservadores y empieza a hacer la vida imposible. Existen muchas técnicas quirúrgicas, desde la esclerosis con una aguja hasta cortar y coser lo que haya que cortar y coser. Pero la clave no está en el «cómo», sino en el «cuándo» y el «por qué».
¿Sabes cuál es el principal error que veo en consulta? Gente operada sin saber por qué tenía hemorroides en primer lugar.
Así, sin más: «Tiene usted hemorroides de grado 3, le programamos la intervención». Y luego vienen los dramas: dolor postoperatorio insoportable, dificultad para ir al baño, recurrencias a los pocos meses…
A ver, las hemorroides no vienen del cielo. No son un castigo divino. Empiezan a dar síntomas y a crecer por un motivo. Si no encontramos el motivo y operamos sin más, estamos destinados al fracaso.
Por otro lado están aquellos pacientes que llegan convencidos de que lo suyo son hemorroides… y resulta que además tienen una fisura anal, una disinergia defecatoria, una hipertonía del suelo pélvico o incluso todas a la vez.
Si te operas de hemorroides cuando tu principal problema era otro… pues el postoperatorio es algo que recordarás toda la vida. O, lo que es peor, no te habrá servido de nada operarte porque volverás a estar igual que al principio en unos años.
Las hemorroides no duelen. Así que si hay dolor persistente, hay que buscar otro culpable antes de sacar el bisturí.
Por eso mi enfoque siempre es el mismo:
Primero diagnóstico → luego tratamiento del origen → y solo después, cirugía.
Y si llegamos a la cirugía, lo hacemos con el terreno preparado: tratamos la causa, optimizamos la técnica defecatoria, mejoramos el estreñimiento, usamos la técnica más adecuada en cada caso… y entonces sí, la cirugía puede ser rápida, eficaz y con un postoperatorio razonable.
Causas de las hemorroides: por qué no siempre conviene operar directamente
Aquí va una verdad incómoda: las hemorroides rara vez son el verdadero problema. Son la consecuencia, la punta del iceberg.
Pero en lugar de preguntarnos qué hay debajo del agua, muchas veces vamos directos a cortar lo que se ve. ¿Resultado? Operaciones innecesarias, postoperatorios horrorosos y síntomas que vuelven al poco tiempo.
Y no, no es que «las hemorroides han salido otra vez», es que nunca tratamos lo que las causaba.
En mi consulta veo una y otra vez a personas que llegan con diagnóstico de «hemorroides crónicas», pero que en realidad tienen una disfunción de suelo pélvico, una disinergia defecatoria, o incluso una fisura asociada que nadie se ha molestado en buscar. Y cuando les pregunto cómo es su hábito defecatorio, me cuentan historias que parecen sacadas de un drama escatológico: pujos intensos, maniobras digitales, posiciones imposibles, y todo eso, día sí y día también.
Lo que pasa es lo siguiente: si tú cada vez que vas al baño haces un esfuerzo similar al de un parto, no es raro que termines con hemorroides. Pero el problema no es la hemorroide en sí, sino los partos defecatorios. Ahí está el quid.

Muchas veces el origen está en el estreñimiento. Ojo, no solo en el estreñimiento de libro con heces duras cada tres días. También en el estreñimiento oculto: gente que va todos los días, pero no consigue vaciar bien. Ese tipo de estreñimiento, que se debe a una mala técnica defecatoria o a una musculatura pélvica que no se coordina, genera el mismo resultado: presión constante, empujes innecesarios y venas anales que no aguantan más.
Si quieres saber por qué tu suelo pélvico puede ser el origen del estreñimiento, deberías leer este artículo.
Y sí, la hipertonía del suelo pélvico también juega un papel clave aquí. Porque si no puedes relajar los músculos para evacuar bien, empujas más. Y cuanto más empujas, más se prolapsan las hemorroides. Y así entras en un círculo vicioso que ningún bisturí va a romper.
Por eso lo que explico siempre es: la cirugía no cura las hemorroides si no tratas antes la causa que las produce. Operar sin haber tratado el origen es como sacar agua de una bañera con un cubo… mientras el grifo sigue abierto.
Corregir la causa significa evaluar bien al paciente, preguntar, explorar (sí, con tacto rectal incluido), y si es necesario, hacer pruebas funcionales del suelo pélvico. Y luego actuar: tratar el estreñimiento, optimizar la técnica defecatoria, hacer fisioterapia de suelo pélvico… y entonces, si sigue habiendo hemorroides, plantear la cirugía. Pero no antes.
¿Y hay otras causas menos frecuentes de hemorroides? Por supuesto.
Después del parto, por ejemplo, muchas mujeres desarrollan hemorroides por el esfuerzo de la fase expulsiva. El canal anal sufre una presión brutal y las hemorroides no siempre vuelven a su ser. Incluso pueden empezar a asomar desde el embarazo, donde es muy frecuente sufrir de estreñimiento como te contaba aquí. A eso le sumamos la falta de movilidad tras el parto, el miedo a defecar tras una episiotomía o desgarro, y ya tienes el cóctel perfecto.
Para que exista la enfermedad hemorroidal también hay que tener en cuenta que puede haber predisposición de cómo sean sus vasos sanguíneos o sus tejidos. La materia prima también importa.
Así que no, las hemorroides no son solo cosa del estreñimiento clásico de ir poco al baño y con heces duras. Son multifactoriales. Y por eso es tan importante no quedarse en la superficie. Porque cuando entiendes la causa, puedes hacer algo realmente útil. Y si no, seguirás tratando síntomas sin atinarle al origen, como disparar al humo en lugar de apagar el fuego.
Cómo saber si necesitas una operación de hemorroides o es otro problema
¿Necesito operarme las hemorroides? Es una de las preguntas más frecuentes que me hacen, y también una de las más difíciles de responder en una sola frase.
Porque, sinceramente, si fuera tan fácil, Google ya habría sustituido a los proctólogos.
Pero no, la realidad es mucho más compleja.
Porque no todo lo que parece hemorroides lo es.
Y no todas las hemorroides se deben operar.
Primero lo básico: las hemorroides no duelen. Lo repito porque es clave. Si tienes dolor en el ano, punzante, constante o que aparece con la defecación, lo más probable es que el problema no sean solo las hemorroides. Puede ser una fisura, una hipertonía del suelo pélvico, una disinergia defecatoria… o varias de estas cosas a la vez.
¿Quieres una pista útil? Si sales del baño con la sensación de que te has dejado media vida pujando, o si tienes que hacer maniobras extrañas (como apretar los glúteos, girarte, aguantar la respiración o incluso ayudarte con los dedos), eso no son «hemorroides» como tal. Eso es un problema de evacuación, y puede ser el culpable de tus problemas (sí, incluyendo las hemorroides).

Si tienes un suelo pélvico tenso, hiperactivo o mal coordinado, una cirugía mal indicada puede acabar mal. Lo he visto demasiadas veces: personas operadas con dolor persistente después, porque nadie detectó que el problema era muscular. Por ejemplo, personas con disinergia que no solo no mejoran tras la operación, sino que empeoran. Por eso no todo se ve con los ojos, hay que palpar, preguntar y evaluar bien.
Y luego está la otra cara de la moneda: gente que ha pasado años postergando la cirugía, aguantando síntomas que ya han condicionado su vida. No viajan por miedo a un sangrado. No salen sin llevar toallitas. Van al baño con ansiedad. Y lo peor: normalizan una situación que no debería ser normal.
En estos casos, sí. La cirugía bien indicada y bien planificada puede cambiar vidas.
Entonces, ¿cómo saber si hay que operar o no?
La respuesta es: depende del impacto que tiene en tu vida.
Es decir, no te vas a morir de hemorroides, pero si estás pensando todo el tiempo en ellas y condiciona tu día a día, es mejor buscar ayuda, corregir la causa y luego tratar la consecuencia. En ese orden.
No te fíes de quien te quiere operar nada más entras por la puerta, ni de los que te ofrecen soluciones «para todos».
Cada ano es un mundo (y no sabes cuánto me cuesta no hacer un chiste fácil con esto).
Si tienes dudas, busca una valoración completa por alguien que sepa mirar más allá del simple bultito (o bultote). Porque muchas veces, lo que parece sencillo, no lo es tanto… y lo que parece complicado, tiene una solución que no ocurre de forma milagrosa de un día para otro.
Preparación antes de la cirugía de hemorroides: claves para el éxito
La cirugía de hemorroides no empieza en el quirófano, empieza en cómo llegas a él. Y esto marca toda la diferencia entre un posoperatorio razonable y una experiencia que luego se cuenta como si fuera una historia de terror.

Porque aquí no se trata solo de extirpar tejido. Se trata de hacerlo cuando el terreno está preparado. ¿Y cuál es ese terreno ideal? Un cuerpo que defeca bien, un suelo pélvico que no se defiende contrayéndose como loco, una musculatura relajada y unas heces que hacen su trabajo sin destruir el canal anal en el proceso.
Primera clave: tratar la causa que ha generado las hemorroides
Lo dije antes y lo repito porque es vital. Si no tratas lo que está provocando las hemorroides —estreñimiento, disinergia, hipertonía muscular, diarreas constantes—, da igual lo buena que sea la técnica quirúrgica: las molestias volverán o nunca se irán.
Y es ahí cuando pronuncian la tan temida frase de «la operación fue lo peor que me ha pasado en la vida».
Segunda clave: optimizar la técnica defecatoria
Aquí entra en juego la fisioterapia del suelo pélvico. No es opcional en muchos casos. Es fundamental. Hay que enseñar al paciente a pujar correctamente, a relajar el suelo pélvico, a dejar de apretar cuando no toca, a respirar correctamente… En definitiva, a cagar bien, como hacíamos de pequeños y que desaprendemos con los años.
A veces este aprendizaje se logra en pocas sesiones; otras veces requiere más trabajo. Pero el cambio que produce es abismal. Personas que llevaban años con hemorroides y, solo con mejorar su forma de evacuar, ya no tienen síntomas. Y si aún así hay que operar, todo el proceso es más fácil y menos doloroso.
Tercera clave: evitar el espasmo muscular posoperatorio
Este punto es uno de los grandes secretos (y diferencias) en mi enfoque quirúrgico. Una de las cosas que más complica el posoperatorio es que, tras una hemorroidectomía, el músculo esfínter interno entra en modo defensa: se contrae, se tensa y genera dolor. Mucho dolor.
¿La solución? Prevenir ese espasmo con la inyección de toxina botulínica (Botox) antes o durante la cirugía. Al relajar ese músculo de forma temporal, evitamos el círculo vicioso del dolor → contracción → más dolor, y conseguimos un posoperatorio infinitamente más llevadero.
No, el Botox no es solo para arrugas. En proctología, bien usado, hace mucha diferencia.
Cuarta clave: crear una rutina defecatoria estable con heces adecuadas
Esto es tan simple como importante. Hay que conseguir que puedas ir al baño de forma satisfactoria: sin pujos, sin heces duras como piedras y quedándote a gusto al final.
Para eso, trabajamos la alimentación, la postura en el baño, la respiración, la técnica defecatoria y si hace falta, ayudamos con laxantes bien indicados. Vamos, lo que he resumido en este mini-libro.
Pero lo que no recomendamos —y aquí rompo otra lanza— son las famosas dietas blandas del posoperatorio. Sí, esas en las que se elimina la fibra pensando que así se «molesta menos al ano». ¿El resultado? Deposiciones duras, escasas y más dolor. Un sinsentido.
Tampoco recomiendo enemas o limpiezas rectales si no son estrictamente necesarios. Lo que necesitamos es que el intestino funcione, no que se quede como un desierto sin flora ni contenido.
En resumen: el éxito de la cirugía empieza mucho antes del quirófano. Ir bien preparado al quirófano hace que la recuperación sea más rápida, menos dolorosa y más llevadera.
Porque operar no es solo cortar. Es acompañar, prevenir, explicar y dejar el cuerpo listo para volver a la vida habitual lo antes posible.
Tipos de cirugía de hemorroides: técnicas disponibles y cuál es mejor para ti
Si has llegado hasta aquí es porque ya sabes que no todas las hemorroides se deben operar. Pero si toca operar, surge la siguiente pregunta: ¿qué técnica es la mejor?
Y la respuesta, como casi todo en medicina, es: depende. No hay una técnica «mejor» universalmente. Lo que hay es una técnica más adecuada para tu caso, en función del grado de hemorroides, tus síntomas, tu anatomía, tus antecedentes y, sí, también tus expectativas.
Aquí te explico las principales técnicas quirúrgicas para tratar las hemorroides, de menos a más invasivas, pero también de mayor a menor riesgo de recurrencia. Para que puedas decidir con conocimiento.
Esclerosis hemorroidal

Es la técnica más conservadora. Consiste en inyectar una sustancia esclerosante directamente en la base de las hemorroides para que se reduzcan. Suele usarse en hemorroides internas grado I o II que sangran, pero no se prolapsan.
¿Lo bueno? Que no requiere anestesia ni quirófano.
¿Lo no tan bueno? Es la menos efectiva y puede requerir varias sesiones.
Ligadura con bandas elásticas
Se coloca una pequeña banda de goma en la base de la hemorroide interna para cortar el flujo sanguíneo. En pocos días, el tejido se necrosa y se desprende.
Muy eficaz en grados I, II y III sin mucho componente externo.
¿Pros? Sencilla, sin incisiones y con una recuperación rápida.
¿Contras? Puede provocar molestias tipo tenesmo (sensación de querer defecar todo el tiempo) o sangrado puntual justo en el momento de la colocación y a los 10-15 días cuando el tejido necrosado se desprende.
Hemorroidoplastia láser (LHP)

Aquí es donde empieza la confusión. El LHP (Laser Hemorrhoidoplasty) no es lo mismo que cortar una hemorroide con láser. En esta técnica se introduce una fibra de láser de diodo dentro del tejido hemorroidal para coagular desde dentro y reducir el volumen, pero sin dañar la mucosa que es tan importante para la sensibilidad rectal y la continencia. Es útil en hemorroides grado II y III sin componente externo importante.
¿Ventajas? La menos dolorosa al no dejar heridas, recuperación más cómoda y rápida.
¿Inconvenientes? No es tan efectiva si hay mucha hemorroide externa o prolapso avanzado.
Desarterialización hemorroidal transanal (THD o HAL-RAR)
Una técnica más sofisticada. Se utiliza un doppler para localizar las arterias hemorroidales y se suturan para reducir el flujo sanguíneo. En algunos casos se acompaña de una pexia para recolocar el tejido prolapsado. Ideales para hemorroides grado III con prolapso moderado.
¿Ventajas? No se dejan heridas, por lo que la recuperación es menos dolorosa
¿Limitación? En algunas personas puede causar dolor en el postoperatorio y sensación de tenesmo. No es siempre efectiva si hay mucho prolapso o hemorroides grado IV.
Hemorroidectomía: Milligan-Morgan y Ferguson
La más radical. Se extirpa todo el paquete hemorroidal. La de Milligan-Morgan deja la herida abierta, mientras que la de Ferguson la cierra con puntos, lo que mejora el dolor en los primeros días del postoperatorio.
¿Lo mejor? Muy efectiva en hemorroides grado IV.
¿Lo peor? El posoperatorio puede ser molesto si no operamos en las condiciones óptimas. Y aquí es donde entran en juego cosas como la fisioterapia previa, la toxina botulínica y una técnica defecatoria optimizada.

¿Son iguales todos los tipos de cirugía láser de hemorroides?
Alerta spoiler: muchas veces lo que te venden como «cirugía láser» no es la hemorroidoplastia LHP, sino una hemorroidectomía clásica a la que le han cambiado el bisturí eléctrico por un láser de CO₂.
Desde el punto de vista técnico, el tejido de la hemorroide se corta igual y se queda la misma herida, pero hay un poco menos de daño en el tejido por el tipo de energía con la que se corta.
Es decir, se sigue eliminando mucosa que nos ayuda a la sensibilidad del recto y la continencia, y siguen habiendo heridas dolorosas para el postoperatorio.
No te dejes engañar por la palabra láser, y que te expliquen bien en qué consiste la técnica (para que luego vengas a este artículo del blog y la compares).
Entonces, ¿cuál es la mejor técnica para ti? La que esté bien indicada para tu caso. La que se haga en el momento adecuado. Y la que venga precedida de una evaluación seria, una preparación cuidadosa y una cirugía realizada por un profesional que no solo corta bien, sino que piensa mejor.
¿Y qué hay de la técnica del stent ilíaco para las hemorroides?
En los últimos años se ha popularizado en algunos centros de España una técnica endovascular para el tratamiento de hemorroides, que consiste en colocar un stent en la vena ilíaca (generalmente izquierda), con el objetivo de mejorar el retorno venoso desde la pelvis. Esta intervención la realizan habitualmente cirujanos vasculares, bajo la teoría de que muchas hemorroides son consecuencia de una congestión venosa por compresión ilíaca.
¿Y funciona? Bueno, como todo en medicina, depende del caso… pero hay que entender muy bien sus indicaciones y limitaciones.
✔️ Esta técnica podría tener sentido en pacientes con congestión pélvica demostrada, varices perineales, síndrome de May-Thurner u otras alteraciones vasculares documentadas por eco-doppler o flebografía.
❌ Pero no es una técnica pensada para corregir el prolapso hemorroidal, ni tampoco para mejorar un mecanismo defecatorio alterado.
❌ Y, desde luego, no sustituye una buena evaluación funcional del suelo pélvico, ni resuelve el problema de fondo en la gran mayoría de pacientes con hemorroides sintomáticas.
Dicho de otra forma: si el problema está en cómo defecas, cómo empujas, o en que tu mucosa anal se prolapsa cada vez que vas al baño, poner un stent en la ingle no va a solucionarlo.
Sí, quizás haga que las hemorroides estén menos congestivas (menos llenas de sangre), pero no corregirán el mecanismo que ha hecho que se congestionen en la mayoría de los casos.
Por eso es tan importante que antes de lanzarte a técnicas nuevas (o a cualquier intervención, en realidad), alguien evalúe a fondo qué está pasando en tu caso concreto. Porque a veces lo más moderno no es lo más adecuado. Y porque ninguna técnica vale para todos.
Postoperatorio de la cirugía de hemorroides: lo que nadie te cuenta y deberías saber
Cuando se habla de la cirugía de hemorroides, hay una palabra que aparece en todas las conversaciones: dolor.
Y sí, lo vamos a decir sin rodeos: el postoperatorio puede ser molesto.
Pero la clave no está en evitar decirlo, sino en saber prepararse, gestionarlo bien y tener a alguien que te acompañe en el proceso con la evidencia científica en la mano. Porque lo que hace que un postoperatorio sea un paseo o un calvario no es solo la técnica quirúrgica, sino cómo te prepararon antes, cómo te cuidaron durante y, sobre todo, cómo te explicaron lo que podías esperar después.
¿Qué puedes esperar después de una cirugía hemorroidal?
Pues mira, depende del tipo de intervención. No es lo mismo una esclerosis que una hemorroidectomía. Pero si hablamos de una cirugía excisional (Milligan-Morgan o Ferguson), los primeros días notarás:
- Molestias al defecar (esperables y normales).
- Sensación de pesadez o presión en la zona anal.
- Pequeño sangrado con las deposiciones.
- Y sí, dolor al ir al baño, sobre todo si las heces son duras o si ya había hipertonía previa.
Ahora, si te has preparado bien —con fisioterapia de suelo pélvico, inyección de Botox, corrección del tránsito intestinal y una buena rutina defecatoria—, todo esto se puede reducir muchísimo.
Y eso hace que el posoperatorio no sea un drama, sino simplemente una fase de recuperación más.
¿Cómo cuidarte para que el posoperatorio no sea un infierno?
Aquí no hay trucos mágicos, pero sí recomendaciones claras, basadas en evidencia y experiencia clínica:

✔️ Dieta rica en fibra desde el primer día.
No caigas en la trampa de las «dietas blandas», esas que consisten básicamente en comer arroz blanco y pollo hervido durante una semana. ¿El resultado? Heces duras como piedras, dolor al evacuar y todo cuesta arriba. Una buena alimentación postoperatoria debe tener fibra, aunque también solemos recomendar algún laxante para los primeros días.
✔️ No se recomienda hacer limpiezas ni enemas, salvo indicación específica.
La idea de «limpiar el recto antes de la cirugía» o «mantenerlo limpio después» puede sonar higiénica, pero lo que consigue muchas veces es irritar más la zona, cambiar tu ritmo intestinal y causar más molestias.
✔️ Rutina defecatoria estable y sin prisa.
El primer objetivo tras la cirugía no es volver a tu vida normal en 48 horas. Es establecer una rutina que te permita defecar sin miedo, sin dolor y sin esfuerzo. Para eso, en algunos casos puede ser útil usar lubricantes locales, supositorios de glicerina o incluso laxantes suaves bien pautados.
✔️ Baños de asiento con agua templada, varias veces al día.
No solo calman la zona, sino que relajan el músculo y ayudan a que las deposiciones sean menos traumáticas.
✔️ Seguimiento estrecho por el mismo profesional que te operó.
Y aquí llegamos a otro punto clave, que te cuento con detalle a continuación.
Elegir bien al cirujano no es solo cuestión de bisturí

Un buen cirujano no es solo alguien que corta con precisión. Es alguien que evalúa de forma global, te explica lo que va a hacer, te prepara antes y no te suelta de la mano después.
Porque la diferencia entre un buen y un mal posoperatorio, muchas veces, no está en lo que se hace en quirófano (que también es muy importante), sino en lo que se hace antes y después.
Y si tu cirujano no te ha explicado que las hemorroides no duelen, que hay que preparar el suelo pélvico o que el Botox puede ayudarte, entonces quizá no era el mejor momento para operarte.
Por eso siempre insisto en lo mismo: infórmate, haz preguntas, busca a alguien que no solo sepa operar, sino que sepa acompañar. Porque al final, eso es lo que marca la diferencia entre una buena experiencia quirúrgica y un trauma que no se olvida.
Errores frecuentes antes y después de operarse las hemorroides
En el mundo de la cirugía hemorroidal hay errores que se repiten más que el ajo. Algunos vienen por desinformación, otros por prisas médicas, y muchos por ese enfoque simplista de «si hay hemorroides, se operan».
Pues no. Ni antes, ni durante, ni después. Aquí te cuento los más habituales y cómo evitarlos.
1. Operar sin haber corregido antes la causa
Es el clásico entre los clásicos. Operar a alguien que tiene estreñimiento crónico, una técnica evacuatoria defectuosa o una disinergia defecatoria sin haber tratado eso antes es como barrer con las ventanas abiertas en medio de un huracán.
El síntoma puede desaparecer un tiempo, pero el problema seguirá ahí. Y probablemente vuelva, peor y más difícil de solucionar.
Resultado: dolor postoperatorio innecesario, malas cicatrizaciones, y riesgo de recurrencia.
2. Asumir que si hay dolor, son hemorroides
Error grave. Las hemorroides no duelen. Y si lo hacen, hay algo más: una fisura, un espasmo muscular, una inflamación o incluso algo más serio.
Operar sin haber explorado, sin tacto rectal o sin pruebas funcionales cuando son necesarias, es ir a ciegas. Y nadie debería operarte a ciegas.

3. Hacer dietas blandas en el posoperatorio
El mito de las «dietas blandas» postcirugía persiste. Arroz, pan blanco, purés y pechuga a la plancha durante días. ¿Resultado? Una falta total de fibra, heces duras y una defecación dolorosa… justo lo que queremos evitar.
Lo que se necesita es una dieta rica en fibra y muchas veces un laxante suave, desde el día uno.
4. No preparar el suelo pélvico antes de operar
Si el suelo pélvico está hipertónico (tenso como un cable de acero), operarlo sin haberlo relajado antes con fisioterapia y/o Botox es una receta para el desastre.
Luego vienen los espasmos, el dolor crónico, la imposibilidad de defecar… y la frase maldita: «Nunca me tendría que haber operado».
5. Creer que el posoperatorio tiene que ser infernal
No, no tiene por qué serlo. Si se hace bien todo lo anterior —diagnóstico adecuado, indicación correcta, preparación muscular y del tránsito—, el postoperatorio puede ser muy llevadero.
Sí, habrá molestias. Pero no tiene por qué ser una pesadilla. Y si lo es, es señal de que algo no se hizo del todo bien.
6. No hacer seguimiento adecuado tras la cirugía
Operar y desaparecer es una práctica más común de lo que parece. Pero el seguimiento postoperatorio es tan importante como la cirugía en sí.
Porque es cuando surgen dudas, pequeños síntomas, ajustes en el tratamiento… y ahí es donde necesitas a un profesional que no te suelte la mano.
7. Lavarse compulsivamente con antisépticos «por si acaso»

Este error lo veo más veces de las que quisiera. Personas que, por miedo a que «se les infecte la herida», se lavan con productos antisépticos agresivos tipo clorhexidina o povidona yodada (betadine) varias veces al día. ¿El resultado? Una piel anal irritada, escozor continuo, sensación de quemazón y más incomodidad aún.
La zona anal no necesita desinfección constante. Con agua templada, jabón neutro si hace falta, y los baños de asiento, es más que suficiente. Las infecciones en esta cirugía son rarísimas, y hacer penitencia lavándote con betadine es un sufrimiento innecesario.
8. Convertirse en estatua durante el postoperatorio
Otro error habitual es pensar que el postoperatorio ideal es pasarlo tirado en el sofá todo el día, sin moverse para «no dañar nada». Pero esa inactividad ralentiza el tránsito intestinal, favorece el estreñimiento y puede hacer que la primera deposición tras la cirugía sea un auténtico drama.

¿Lo recomendable? Caminar todos los días, moverse con normalidad (sin hacer maratones), e ir retomando actividad progresiva.
Eso sí, spinning o equitación justo después de una cirugía anal… vamos a dejarlo para más adelante, ¿vale?
9. Improvisar en vez de seguir las indicaciones postoperatorias
Este es de los errores más frustrantes, y también más evitables. Muchos pacientes deciden, por cuenta propia, no tomar los laxantes prescritos, o empiezan a tomar la analgesia sólo cuando ya les duele mucho, pensando que así «aguantan mejor». Y lo que logran es un pico de dolor que luego es mucho más difícil de controlar.
Si tu cirujano te ha pautado medicación, es porque sabe lo que viene. No es el momento de hacer experimentos tipo «a ver qué pasa si no me tomo esto».
La constancia con la analgesia, la pauta de laxantes y los cuidados diarios hacen que el proceso fluya sin sorpresas desagradables.
Como siempre digo: no damos premios por ser la persona que más aguante sin tomar analgésicos.
En resumen: la cirugía de hemorroides puede ser una solución excelente, pero no es mágica ni inmediata. Y como toda cirugía, necesita un abordaje integral. Evitar estos errores no solo mejora los resultados, sino que transforma completamente la experiencia del paciente.
Cirugía de hemorroides: preguntas frecuentes y respuestas claras
¿Cuánto dura el postoperatorio de la cirugía de hemorroides?
Depende del tipo de cirugía. En técnicas mínimamente invasivas (como LHP o THD), la recuperación puede durar de 1 a 10 días. En cambio, tras una hemorroidectomía clásica, el postoperatorio suele ser más largo: de 2 a 4 semanas, aunque muchos pacientes ya hacen vida casi normal en la segunda semana.
Lo importante no es solo el tiempo que tarda en cicatrizar la herida, sino en sentirse bien para volver a la rutina sin dolor ni complicaciones.
¿Cuándo puedo volver al trabajo después de operarme?

Depende del trabajo. Si es una labor de oficina o sedentaria, en muchos casos puedes volver a los 7-10 días. Si haces trabajo físico, con esfuerzo o cargas, puede que necesites 15-20 días, o incluso más si hay dolor residual.
Consejo práctico: no vuelvas a trabajar el día que dejes de sangrar, vuelve cuando puedas estar varias horas sentado sin molestias y defecar sin miedo.
Lo más útil suele ser que inicialmente pidas teletrabajo (si puedes) y así puedes variar tu postura más fácilmente, lavarte a gusto en tu baño cuando lo necesites y descansar cuando haga falta.
¿Duele mucho la cirugía de hemorroides?
Si está bien indicada, bien hecha y bien preparada, el dolor es perfectamente manejable. No es una cirugía placentera, pero tampoco debe ser una tortura. Los problemas aparecen cuando se opera sin corregir un posible problema en el suelo pélvico o cuando no se toman los analgésicos correctamente.
En resumen: sí, duele. Pero no debe doler tanto como para arrepentirse, y si pasa eso, es que algo no se hizo bien antes o después.
¿Puedo volver a tener hemorroides después de operarme?
Depende del tipo de cirugía. En técnicas conservadoras (esclerosis, ligaduras, LHP), el riesgo de recurrencia es mayor, sobre todo si no se corrige la causa. En la hemorroidectomía, ese riesgo es mucho menor, pero no es cero.
Si sigues empujando mal al defecar, si no corriges el estreñimiento o la disinergia, pueden volver. El objetivo no es solo extirpar, sino romper el ciclo que las produce.
¿Puedo tener incontinencia después de una cirugía de hemorroides?
Con las técnicas actuales y en manos expertas, el riesgo es extremadamente bajo. La incontinencia suele aparecer cuando se lesiona el esfínter interno, algo que puede pasar en cirugías muy extensas o mal planificadas.
Es cierto que las hemorroides contribuyen a la continencia en hasta un 15%. Eso es cuando están en su sitio dentro del canal anal y no cuando están fuera todo el rato.
Así que, si se hace bien la cirugía, con una indicación clara y respetando la anatomía, no tienes por qué tener secuelas.
¿Qué puedo hacer para aliviar el dolor al defecar tras la cirugía?
- Asegurarte de que las heces sean blandas (ni duras, ni líquidas).
- Usar baños de asiento con agua templada después de ir al baño (y a veces antes si necesitas ayuda para relajar la zona)
- Tomar la analgesia antes de que empiece el dolor fuerte (no después).
- Y si hay mucha contractura, valoraremos el uso de cremas relajantes o incluso toxina botulínica si no se usó antes.
Evitar el miedo a defecar es clave. Porque cuando hay miedo, el cuerpo se contrae. Y eso, justo eso, es lo que más duele.
¿Es mejor operarse cuando las hemorroides están muy grandes o antes?
¡Antes, por favor! Cuanto más pequeño el prolapso, menos agresiva la cirugía y más rápida la recuperación. Operar hemorroides grado IV con mucha piel externa y congestión es técnicamente más complejo, con más dolor y más riesgo de complicaciones.
Si hay indicación quirúrgica clara, mejor no esperar a que el problema crezca. Prevenir siempre es mejor que curar.
¿Cómo queda el ano después de una operación de hemorroides?
Spoiler: no queda como un filtro de Instagram el primer día. Justo después de la cirugía es normal que haya algo de inflamación en la zona externa.
Esa piel hinchada (los famosos plicomas edematizados) puede dar la sensación de que han salido nuevas hemorroides, pero no te preocupes, no es que hayan vuelto ni que te hayan operado mal. Es una inflamación transitoria y con el paso de los días va bajando.
La clave está en la paciencia, seguir las instrucciones de tu cirujano y en no obsesionarse con el espejo.
¿Es peligrosa la operación de hemorroides?
¿Comparada con una cirugía a corazón abierto? No, desde luego que no. Pero como toda intervención quirúrgica, tiene sus riesgos. Aunque sean mínimos, hay que tenerlos en cuenta. Y para eso existen los anestesistas, que valoran tus comorbilidades, tu estado general y el tipo de anestesia más adecuado.
En general, es una cirugía muy segura, sobre todo en manos expertas y con un buen preoperatorio.
¿Cuánto dura una operación de hemorroides?
Depende de la técnica, pero en general, una cirugía hemorroidal clásica dura entre 20 y 45 minutos. Técnicas como el LHP pueden ser incluso más cortas.
Aunque tú, como paciente, probablemente sientas que todo duró cinco minutos… porque estarás sedado o dormido plácidamente, dependiendo del tipo de anestesia que se use.
¿Cómo ir al baño después de una cirugía de hemorroides?
Igual que deberías ir antes de la cirugía: con la mejor técnica defecatoria posible. Lo ideal es que esa técnica haya sido previamente entrenada y supervisada por un fisioterapeuta de suelo pélvico. Y claro, también es crucial que la consistencia de las heces sea la adecuada (blandas, pero formadas).
Si necesitas ayuda, se puede lograr comiendo una dieta alta en fibra, haciendo algo de ejercicio y con laxantes bien indicados. Lo importante es ir al baño sin dolor ni miedo.
¿Es mejor andar o reposar para recuperarse de una cirugía de hemorroides?
La respuesta es clara: andar. La actividad física suave favorece el tránsito intestinal, mejora el estado de ánimo y previene el dolor de espalda por estar todo el día tumbado.
No necesitas correr una maratón, pero un paseo diario es mucho mejor que pasarte el día en el sofá con Netflix como única compañía.
Ahora bien, equitación y spinning… mejor dejarlo para más adelante, ¿de acuerdo?
¿Cuánto tiempo puedo pasar sin defecar después de una cirugía de hemorroides?
Lo menos posible. Lo ideal es defecar el mismo día de la cirugía o al día siguiente. Cada día que pasa sin evacuar aumenta el riesgo de estreñimiento y de impactación fecal (una bola de heces duras que se queda atascada en el recto).
En algunos casos extremos, si no se resuelve a tiempo, puede hacer falta incluso volver a quirófano.
Así que no lo dejes pasar.
¿Cómo limpiarse después de una cirugía de hemorroides?
Como deberíamos hacerlo siempre: con agua. Si tienes bidet, úsalo. Y si no, hay bidets portátiles muy prácticos que se colocan sobre el váter o con los que puedes echarte agua en la zona.
Después, seca con cuidado, a toquecitos, usando una gasa, una toalla suave o papel higiénico sin perfumes ni colorantes.
Nada de jabones agresivos, ni antisépticos, ni geles «especiales»… a menos que tu proctólogo te haya indicado una crema específica.
Y lo dicho: seguir sus indicaciones, no improvisar.
¿Vale la pena operarse de hemorroides?

Sí, cuando está bien indicada y bien planificada. Lo importante no es solo el acto quirúrgico, sino que llegues a él después de haber corregido lo que provocaba las hemorroides en primer lugar.
Si lo haces así, la cirugía cambia la vida. Y si no, puede volverse frustrante.
Lo que más vale la pena no es solo quitar las hemorroides, sino evitar que vuelvan.
Conclusión: Operarse de hemorroides no debería dar miedo (si se hace bien)
Llegados hasta aquí, espero haber desmitificado muchas de las ideas que flotan en torno a la cirugía de hemorroides. Que no, no es un castigo divino. Que sí, puede cambiarte la vida si se hace cuando toca, como toca y por quien toca.
Las hemorroides no son simplemente «unas venitas inflamadas». Son muchas veces la consecuencia de algo más: estreñimiento, malas posturas, técnica defecatoria deficiente, suelo pélvico descoordinado o incluso errores aprendidos desde pequeños.
Por eso, la solución no puede ser solo quirúrgica, sino integral.
Y si finalmente hay que operar, que sea con todas las cartas sobre la mesa:
✔️ Diagnóstico correcto
✔️ Causas bien tratadas
✔️ Preparación muscular previa
✔️ Técnicas quirúrgicas bien elegidas
✔️ Cuidados postoperatorios guiados
✔️ Y un profesional que no solo sepa cortar, sino también escuchar y acompañar.

Porque lo que marca la diferencia no es solo la técnica, sino el enfoque. Y eso no se improvisa.
Así que si estás sufriendo en silencio, pensando que nadie te entiende, que nadie te ha explicado bien o que solo te quieren operar porque sí… respira. Hay opciones. Hay profesionales que miran más allá del prolapso.
Y hay formas de recuperar tu calidad de vida sin caer en el drama que te han contado por ahí.
¿Vale la pena operarse? Sí, si has hecho todo lo que está en tu mano para evitarlo y aún así el problema persiste. Pero sobre todo vale la pena cuando te acompañan en el proceso desde la prevención, la evidencia y el sentido común.
¿Te ha resonado todo esto? Entonces necesitas leer esto otro…
Si después de este artículo te has quedado con la sensación de que hay algo más que deberías saber, te entiendo perfectamente. Porque muchas veces, lo que creemos que son hemorroides… no lo son.
Por eso he preparado una guía gratuita que se llama «¿Seguro que son hemorroides?»
Un título curioso, lo sé, sobre todo después de leer un artículo entero sobre hemorroides. Pero es que justamente ahí está la clave:
No todo lo que pica, duele, sangra o sale por el ano son hemorroides.
Y no todo se soluciona con una crema ni con una cirugía rápida.
En esta guía te explico con claridad, ejemplos reales y sin rodeos:
- Cómo distinguir las hemorroides de otras causas comunes de síntomas anales.
- Qué hacer si tu problema es una fisura, una fístula, un prolapso o una disinergia.
- Y cómo abordar todo esto desde una visión global: sin dramatismos, pero con evidencia.
Descárgala gratis aquí y empieza a entender lo que te pasa de verdad
Porque no se trata solo de quitar el bulto. Se trata de recuperar tu calidad de vida.
Y eso empieza con información clara y un diagnóstico bien hecho.

Referencias bibliográficas
- Van Tol RR, Kleijnen J, Watson AJM, Jongen J, Altomare DF, Qvist N, et al. European Society of Coloproctology guideline for haemorrhoidal disease. Colorectal Dis. 2020;22(6):650–662. doi:10.1111/codi.14975
- Hawkins AT, Wise PE, Chan T, Glynne-Jones R, Ternent CA, Moriarty KP, et al. The American Society of Colon and Rectal Surgeons Clinical Practice Guidelines for the Management of Hemorrhoids. Dis Colon Rectum. 2024;67(5):614–623. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38294832/
- Tan VZZ, Chan WSH, Foo FJ, Sim R. Systematic review and meta-analysis of postoperative pain and symptoms control following laser haemorrhoidoplasty versus Milligan-Morgan haemorrhoidectomy for symptomatic haemorrhoids. Int J Colorectal Dis. 2022;37(9):1759–1771. doi:10.1007/s00384-022-04187-1
- Lohsiriwat V. Treatment of hemorrhoids: a coloproctologist’s view. World J Gastroenterol. 2015;21(31):9245–9252. doi:10.3748/wjg.v21.i31.9245
Hola Karina, era paciente tuya en el hospital monteprincipe, y he visto que ya no estás, para mi tristeza, me puedes indicar algún fisioterapeuta para las hemorroides. Graciasss
Hola Pilar, en ProctoPelvis tenemos a la mejor 😉
Mil gracias por la información. Muy clara. Me está ayudando mucho
Cuánto me alegro poder ayudarte Pablo.
hola! en primer lugar agradecer toda la información también explicada, mi caso es el siguiente me han diagnosticado unas hemorroides de grado IV por personal cualificado y con expericia según me he informado, están prolapsadas y hay que operar, la pregunta si no es mucha molestia es cuanto tiempo puedo moderar la intervencion para no coger riesgo y hacer las cosas que habeis explicado en el informe. Gracias de nuevo un saludo!
Ramón, no te vas a morir de hemorroides. Depende del tiempo que quieras estar sufriendo con los síntomas, puedes retrasar la intervención. De hecho, si tienes hemorroides grado IV, entiendo que has retrasado bastante la intervención de entrada. Lo que sí te recomendaría es que antes de operarte puedan descartar que no tienes un problema de raíz a nivel del suelo pélvico que te haya generado las hemorroides, ya que si lo solucionas tendrás un postoperatorio mucho mejor y no tendrás que operarte varias veces.