La postura en el baño, mano de santo para el estreñimiento

Tengo que hacer una aclaración: la postura para ir al baño no lo es todo para todo el mundo. Es decir, si tienes un problema porque tu colon va más lento de lo habitual, ya puedes ser un malabarista en el baño que no vas a conseguir que cagues mejor. 

Sin embargo, esto no le ocurre a la mayoría de personas con estreñimiento. 

La mayoría lo que necesita es un empujoncito (nunca mejor dicho) para lograr tener defecaciones satisfactorias. Así que vamos a empezar con mejorar la postura en el baño para mejorar el estreñimiento; quizás sea lo único que necesitas. 

Porque la mayoría de personas se sientan mal en el váter. No es por culpa suya, claro está, es por culpa de los británicos. No me malinterpretes, no tengo nada contra ellos; de hecho, mis dos hijos nacieron en sus tierras. 

Mejor sigue leyendo que te lo cuento.

Un poco de historia, ¿cuándo metimos la pata con el estreñimiento?

Quiero que te sitúes en la Inglaterra del siglo XVI. Las mujeres vestían sus corsés ajustados y sus faldas amplias, los exploradores estaban reclamando territorios de Norte América para la corona británica y William Shakespeare estaba escribiendo sus obras más famosas.  Pero detrás de todo esto había, efectivamente, mucho ruido y pocas nueces. Al menos en los temas de higiene. 

No solo la higiene dental era rudimentaria, y el hecho de tener los dientes negros se consideraba símbolo de riqueza ya que solo los nobles podían permitirse el azúcar, sino las costumbres defecatorias estaban lejos de estar en sintonía con sus elegantes vestimentas.

La opulencia de la vestimenta en la Inglaterra del siglo XVI en contraste con sus condiciones higiénicas, a falta de un sistema de alcantarillado
La opulencia de la vestimenta en la Inglaterra del siglo XVI en contraste con sus condiciones higiénicas, a falta de un sistema de alcantarillado

Para aliviar sus necesidades corporales (es decir, para cagar), los británicos de la época lo hacían como buenamente podían, en letrinas comunes y sin contar con un sistema de alcantarillado. Ese material de desecho biológico (o sea, las heces), terminaba en muchas ocasiones siendo vertido directamente en la calle o en cursos de agua cercanos, por lo que era común la transmisión de enfermedades. Tampoco estaba de moda por aquella época eso de lavarse las manos en general, y mucho menos después de «abrir sus intestinos» (en UK el eufemismo más común para referirse a la defecación es «open the bowels»)

Así que en 1596 Sir John Harington, ahijado de la Reina Isabel I de Inglaterra, inventó el trono. No el trono de terciopelo o de hierro que se encuentra en el imaginario colectivo gracias a las películas y series, sino un trono defecatorio. Se trataba de un prototipo de inodoro con descarga de agua que se lo dedicó a la Reina. 

Pero, a pesar de lo ingenioso de su invento, no ganó popularidad debido a la complejidad de su instalación y mantenimiento. Les seguía pareciendo más útil lo de las letrinas o hacerlo al aire libre. Tardó la friolera de 3 siglos en mejorar ese prototipo inicial y hacerse un hueco en el resto de la sociedad.  De Inglaterra, a Europa y de ahí al resto del mundo.

Ese «inodoro de pedestal» trajo muchas mejoras en la salud pública ya que finalmente se logró separar las aguas fecales de las potables, y así evitar la transmisión de enfermedades. También se logró la privacidad defecatoria, aunque esto se ha llevado al extremo hoy en día, en el que hay personas que no pueden tener a alguien en la misma vivienda para cagar a gusto.

Uno de los mayores cambios con la llegada del inodoro, fue sin duda el cambio de posición a la hora de defecar. Pasamos de tener que agacharnos a poder estar cómodamente sentados. Craso error.

Las cuclillas: una solución ancestral para el estreñimiento

Nuestro cuerpo está hecho para defecar en cuclillas. Es la posición que adoptamos cuando no tenemos ningún artilugio hecho para defecar. Por suerte o por desgracia, la evolución humana no ha ido a la par que la evolución de los inodoros. Tardaríamos miles de millones de años en adaptarnos, siempre y cuando nos interesara hacerlo. 

Piénsalo bien: ¿querrías que en la posición sentada se favoreciese la defecación? ¿que se relajasen los músculos del suelo pélvico cuando nos sentamos?

Piénsalo de nuevo. 

De ser así, tendrías muchas probabilidades de que se te escapasen las heces al sentarte en otros contextos: el autobús, el coche, en la reunión del trabajo, escuchando una clase…

Por supuesto que tenemos mecanismos de contención para evitar que ocurra (incluso estando en posición de cuclillas), pero si tuvieses la tripa un poco más suelta, no querrías sentarte en esas condiciones. 

Al contrario de lo que te puedes imaginar, el final del tubo digestivo no es como una tubería recta con un tapón que son los esfínteres. El recto hace un ángulo de casi 90 grados con el ano, lo que ayuda a mantener cerrado el canal anal. Esto lo hace gracias al músculo puborrectal (parte del suelo pélvico) que rodea al recto y tira de él hacia adelante, como si cerrase una manguera.

Uno de los factores que más influye en la biomecánica del complejo anorrectal es precisamente la postura. Si quieres la explicación técnica, al estar en cuclillas se favorece la flexión de la cadera y la inclinación pélvica posterior, lo que facilita que se alinee el recto con el ano al disminuir la tensión de ese músculo puborrectal.

Pero como eso es un poco difícil de recordar, mejor quédate con que en cuclillas se relaja el suelo pélvico y podemos defecar en menos tiempo y de forma más efectiva. Por eso, entre otras cosas, se sigue adoptando esa postura en muchos países de África, Asia y Oriente Medio. 

La posición en el baño puede facilitarnos la defecación al relajar el suelo pélvico (Imagen del libro Entendiendo el Estreñimiento)
La posición en el baño puede facilitarnos la defecación al relajar el suelo pélvico (Imagen del libro Entendiendo el Estreñimiento)

De hecho, existe un artículo científico donde de forma vehemente defienden que se mantengan las «letrinas de cuclillas» en la India porque los «inodoros de pedestal» no son adecuados para sus habitantes. Entre otras cosas abogan que los inodoros occidentales (los de sentarse) suelen estar sucios, te salpican agua al defecar e incluso que no son adecuados para las mujeres durante la menstruación (sin explicar por qué). Si tienes tiempo, la tabla comparativa del artículo entre un tipo de inodoro y otro, no tiene desperdicio (nunca mejor dicho).

Si a estos autores les parecen asquerosos los inodoros tradicionales occidentales, espero que nunca viajen a Hungría, porque les va a explotar la cabeza. Esta anécdota y las reflexiones sobre el inodoro húngaro las cuento en el libro Tripas en Acción

Transforma tu baño, transforma tu defecación

Creo que tardaríamos mucho tiempo entre todos para que se pueda hacer un diseño de un inodoro más ergonómico pero que sea medianamente cómodo. De hecho, no sé si es una batalla perdida. 

Por eso, lo que tenemos disponible son artilugios que nos ayuden a sentarnos mejor a la hora de defecar. No se trata de algo muy sofisticado, no te creas. 

Ese aliado a la hora de defecar, 

lo que funciona como mano de santo para tener evacuaciones rápidas e indoloras,

lo que puede prevenir que te salgan hemorroides y fisuras, 

lo que evita que tengas un parto cada vez que vas a aliviar tus intestinos, 

la obra maestra de ingeniería, 

el aliado de la biomecánica anorrectal, 

el único e inmejorable..

(redoble de tambores)

(algo más de redoble)

(y un poquito más de redoble)

Un banquito o taburete para los pies. 

Un taburete para apoyar los pies puede ser tu aliado en el baño
Un taburete para apoyar los pies puede ser tu aliado en el baño

Vaya, espero no haberte decepcionado. Pero esto que puede parecer una tontería, ha sido lo único necesario para que varios de mis pacientes y lectores, consigan defecaciones satisfactorias. 

Y no solo lo digo yo, sino que se han hecho estudios como éste, donde se ha visto que utilizando un banquito o taburete para los pies (aunque lo llamen de forma más elegante como «defecation postural modification devices»), mejoró el vaciamiento del recto y disminuyó la necesidad de hacer esfuerzo defecatorio. 

Volviendo al diseño de los inodoros, no sé si sería del todo ventajoso que se popularicen inodoros más bajos de lo habitual. En este estudio, se comparó la satisfacción defecatoria de una persona en estas tres posiciones: sentado en un inodoro normal, en un inodoro más bajo y de cuclillas, ¿adivinas cuál fue la ganadora? 

Efectivamente, de cuclillas los voluntarios evacuaron con más rapidez y menos esfuerzo. Sus conclusiones fueron que cuanto mayor sea la flexión de la cadera, más recto estará el canal ano-rectal y menos esfuerzo requerirá para la defecación. 

A mayor flexión de la cadera, menor esfuerzo defecatorio. 

Así que, de momento, lo del taburete como «dispositivo de modificación de la postura defecatoria»,  no resulta ni tan mala opción para nuestras tripas.

Alternativas prácticas para mejorar tu postura en el baño

Existen muchos otros trucos de andar por casa para mejorar tu postura defecatoria. Ni siquiera habría que invertir dinero para ello (aunque la inversión para comprar un taburete sea mínima). 

Las alternativas incluyen la utilización de: 

  • Cajas
  • Libros
  • La papelera del baño
  • El bidet (si está colocado en frente del váter)
  • Subir los pies a la pared (si está lo suficientemente cerca)
  • Ponerse de puntillas mientras estamos sentados

La imaginación no tiene límites. 

Además, si presumes de grandes dotes de equilibrio y fuerza en el tren inferior, podrías ponerte directamente de cuclillas sobre la taza del váter. Una labor reservada solo para los más hábiles. 

Si no cuentas con tanta destreza, que sepas que también funciona inclinando el tronco hacia adelante. Ya sabes, «si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma». En este caso: si los muslos no suben hacia el tronco, el tronco baja hacia los muslos. 

Postura en el baño inclinando el tronco hacia adelante y subiendo los pies, disminuye el esfuerzo defecatorio
Postura en el baño inclinando el tronco hacia adelante y subiendo los pies, disminuye el esfuerzo defecatorio

Así que, si te encuentras en una situación en la que no tienes un taburete para subir los pies, prueba a bajar el tronco hacia los muslos y luego me cuentas. 

No sé si a ti te parecerá útil, pero a los voluntarios de este estudio a los que les costaba defecar en la posición estándar, tuvieron más éxito inclinando el tronco hacia adelante. 

¿Has pinchado en el estudio para leerlo? Venga, que te lo cuento yo. 

Si te fijas, es un estudio prospectivo donde analizan la postura de «El Pensador» en la defecación. ¿Y cuál es esa postura? La de la famosa estatua de Rodin, una de las más conocidas del mundo, en la que se muestra un hombre en profunda reflexión, símbolo de la introspección y la búsqueda del conocimiento. 

Ahora bien, no creo que el váter sea un sitio para darle muchas vueltas a la cabeza con temas trascendentales sobre la existencia humana. Sobre todo porque no quiero que pases demasiado tiempo en él. Ya sabes, por lo de evitar las hemorroides y eso.

Representación de la escultura “El Pensador” de Rodin, reflexionando en cómo alcanzar la satisfacción defecatoria
Representación de la escultura “El Pensador” de Rodin, reflexionando en cómo alcanzar la satisfacción defecatoria

Evita esta posición y ahórrate problemas

No te voy a decir que la peor posición es la de estar sentado en el váter. Al fin y al cabo, llevamos un par de siglos haciéndolo así en la mayoría de países occidentales. No, la peor posición es tumbado boca arriba (en decúbito supino, para los que le guste la jerga médica). 

Es mucho más complicado defecar tumbado boca arriba, así que ni lo intentes

Te preguntarás: ¿A quién en su sano juicio se le ocurriría defecar tumbado? Yo espero que a nadie, aunque hay veces que no nos queda más remedio. En casos muy excepcionales en los que tras una cirugía (sobre todo de la espalda) tengas que estar inmovilizado en la cama, no tendrás otra alternativa. Pero esto es altamente improbable, ya que en la mayoría de situaciones es conveniente y necesario levantarse para ir al baño. Sí, incluso después de operarse. 

Si una de tus preocupaciones en la vida era saber de forma objetiva si es peor cagar tumbado que sentado (también altamente improbable), estás de suerte. En este estudio han confirmado tus sospechas. De hecho vieron que era más probable tener disinergia defecatoria cuando estás tumbado boca arriba (aquí te cuento qué es eso de la disinergia)

¿Para qué sirve saber que es peor defecar tumbado? Para nosotros es muy importante, porque sabemos que al pedir pruebas del suelo pélvico en las que tienes que estar tumbado boca arriba, vamos a sobreestimar problemas como la disinergia defecatoria, ya que se ha visto en ese estudio que un tercio de los pacientes no pudieron defecar en esa posición aunque no tuviesen ningún problema de base. Una de las tantas razones por las que pienso que hacer una resonancia dinámica del suelo pélvico no es la prueba ideal. 

¿Para qué sirve saber que es peor defecar tumbado? Para nosotros es muy importante, porque sabemos que al pedir pruebas del suelo pélvico en las que tienes que estar tumbado boca arriba, vamos a sobreestimar problemas como la disinergia defecatoria, ya que se ha visto en ese estudio que un tercio de los pacientes no pudieron defecar en esa posición aunque no tuviesen ningún problema de base. Una de las tantas razones por las que pienso que hacer una resonancia dinámica del suelo pélvico no es la prueba ideal.

En resumen

Mejorar tu posición a la hora de defecar es una solución buena, bonita y barata. Estoy segura de que no es «mano de santo» para todos los casos (ya que nada lo es), pero en algunas personas es todo lo que necesitan para tener defecaciones satisfactorias. 

No pierdes nada probando mejorar tu posición para ir al baño, intentando que se parezca más a las cuclillas. Tu suelo pélvico y tus hemorroides te lo agradecerán. 

Como de momento no vamos a ganar la batalla de modificar el diseño de los inodoros, lo que podemos hacer para mejorar la postura es utilizar un taburete para que nuestras rodillas queden por encima de las caderas. 

Si no cuentas con un banquito para los pies, la otra solución es inclinar el tronco hacia adelante, adoptando la postura de «El Pensador», aunque intentando no pensar durante mucho tiempo en el baño. 

También hemos visto que la peor posición para cagar es tumbado boca arriba. Entiendo que tampoco era tu posición favorita de entrada, pero es algo que tenemos que tener en cuenta para interpretar los resultados de las pruebas de suelo pélvico que solicitamos. 


Y para que te lleves un buen sabor de boca, te dejo con un video que explica todo esto de una forma que será difícil que olvides jamás. Para mí, el mejor anuncio de la historia.

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12 comentarios en «La postura en el baño, mano de santo para el estreñimiento»

  1. Ya podían los fabricantes de inodoros empezar a diseñarlos más anatómicos para facilitar la evacuación.
    Muchas gracias por toda la información que aportas siempre.
    Un abrazo!!

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  2. La explicación, con ese toque de humor, genial. A mí me ha servido mucho, la compra de un taburete era una mínima inversión, para cagar a gusto cada mañana. Y que decir del vídeo. Es super divertido y explicativo. Gracias

    Responder
  3. Acabo de empezar el libro porque ya me habías mejorado mi habito defecatorio con este consejito. Muuuuuchisimas gracias.
    PD: Espero aprender mucho más con tu libro.

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